El pasado 13 y 14 de julio tuvo lugar en las atractivas instalaciones de la Península de la Magdalena un curso que repasaba el tratamiento de la figura del juez a través del periodismo, el cine y, sobre todo, la literatura. El evento, dirigido por la Asociación de Juezas y Jueces para la Democracia (JpD) e impartido en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), consiguió reunir no solo a magistrados del panorama judicial español del momento, sino también a personalidades del mundo de la literatura y el periodismo. Si bien se ha tratado de un curso breve, concentrado en día y medio, ha conseguido realizar un análisis general de la imagen de los jueces de instrucción proyectada a través de las artes.

Seis han sido las intervenciones con las que han contado los asistentes, comenzando con la del escritor Lorenzo Silva. Su ponencia, que llevaba por título El juez como héroe literario, versó justamente sobre lo contrario: cómo a través de la ficción española, lejos de encontrar en la figura del juez a un héroe, nos encontramos con una imagen peyorativa, a veces incluso como sinónimo de abuso de poder. No obstante, arroja algo de luz cuando asegura que esta percepción está cambiando desde los últimos quince años. Para Silva el juez no deja de ser un personaje más en las novelas negras, y le parece inverosímil que en muchas de ellas no aparezca. Y es que el papel de un juez no es nada fácil: su lenguaje arcano, su intelectualidad, sus funciones desde el estrado riñen con la acción y la impresión de realidad que se busca en la ficción, lo que hace complicado que esta figura resulte atractiva desde el punto de vista artístico. Quizás por eso brilla tanto por su ausencia y, aunque Lorenzo destaque algunos títulos que cuentan con jueces protagonistas (en las novelas de José María Guelbenzu o Reyes Calderón), confiesa que se les tiende a dar a estos jueces muchas más funciones de las que desarrollan en la realidad, puede que como un intento de hacer interesante al personaje. El escritor madrileño, que antes de escritor ejerció como abogado, habló también de la soledad a la que se enfrentan los jueces de instrucción, y que da título a esta reseña. Según Silva, estos jueces están solos, no tienen equipo, oficina o recursos, pero son clave para el correcto desarrollo de una investigación policial.

El magistrado José María Fernández Seijo ha sido el siguiente en intervenir para hablar de la novela Patria, de Fernando Aramburu, y su sorprendente falta de personajes del ámbito de la justicia. Como bien apunta, los jueces fueron tanto protagonistas como víctimas durante el terrorismo etarra, pero la población general sigue sin ver su papel determinante y sin valorar su importancia. Fernández Seijo opina igual que Silva cuando, con otras palabras – la falta de un relato épico detrás de los jueces -, habla de la falta de heroísmo que se le supone al juez.

El periodista Enric Juliana Ricart ha sido el tercer y último ponente del jueves 13 de julio, con una ponencia centrada en la figura del juez a través de la novela Muerte de un hombre feliz, del italiano Giorgio Fontana. Este libro, cuya novedad es un juez como personaje principal, nos presenta a un magistrado humano, humilde y comprometido, cuya investigación de ciertos atentados terroristas será clave. Esta representación del juez se acerca un poco más a aquella de héroe que se ha ido debatiendo en el curso, si bien choca encontrarlo en la literatura italiana y no en la española.

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El escritor Lorenzo Silva, ganador del Premio Nadal y del Premio Planeta. Fotografía de Joan Tomás, obtenida de Wikimedia Commons.

Otras tres han sido las ponencias con las que ha contado el curso el viernes 14, iniciadas con la del magistrado Julio Picatoste Bobillo, de nuevo versando sobre la relación entre justicia y literatura. Picatoste se ha centrado en la obra de Kafka para hablar de la idea de justicia del autor checo. Kafka, jurista además de escritor, nos habló de la justicia en varias de sus obras, siendo una de las más importantes El proceso. Esta novela nos ofrece una visión aterradora de la justicia al exponernos los abusos de un poder autoritario (el nazismo). La imagen del juez aquí es, como bien se puede esperar, la de un profesional corrompido y amoral. Esta percepción desesperanzada enzarza con la ponencia de Lorenzo Silva, que en su última novela Recordarán tu nombre nos muestra cómo es difícil que prevalezca la autoridad de un juez cuando no existe el respaldo de un Estado de Derecho.

El magistrado y escritor Ignacio Martín Verona ha sido la quinta intervención del curso, la última que ha girado en torno al mundo de la literatura. Martín Verona ha analizado el retrato del juez de instrucción en la actual novela negra española, a través de tres autores distintos: José María Guelbenzu, Dolores Redondo y José Yoldi. Afirma que la novela negra nace en España de la mano de Manuel Vázquez Montalbán y su ya famoso inspector Carvalho, si bien resalta que en estas obras el juez de instrucción brilla por su ausencia. De las novelas de Guelbenzu y Redondo aplaude la trama y el éxito, pero se muestra poco convencido con la imagen de juez de instrucción que ofrecen, un juez al que se le asignan funciones muy distintas a las que desempeña en la realidad y que hace, en su opinión, que estos personajes parezcan difícilmente creíbles. Con la obra de José Yoldi, periodista que ha dado el salto a la escritura, se muestra más conforme, a pesar de que se habla de las irregularidades que se dan en el sistema judicial. Martín Verona ha terminado su ponencia enumerando aquellos elementos que separan a una novela policiaca de una novela negra, que esencialmente se resumen en la palabra subnormalidad: la novela negra no tiene suficiente con el crimen: necesita personajes degradados, oscuridad, deformidad. El juez de instrucción es, por lo tanto, un elemento poco compatible con tanta subnormalidad, ya que sus funciones son demasiado cotidianas para tener cabida en un ambiente tan gótico. Y es que sus verdaderos quehaceres no son atractivos literariamente, como ya apuntó Silva al comienzo del curso.

La última intervención que ha dado cierre al curso ha sido la del magistrado Ignacio González Vega, portavoz de Juezas y Jueces para la Democracia y director del presente curso. Ignacio ha llevado la atención al mundo del periodismo, al que responsabiliza en parte de la mala imagen que acarrea la justicia en España. González Vega encuentra varias razones en esta mala praxis: la primera, la falta de formación de los periodistas en materia de justicia, lo que conlleva el riesgo de ofrecer una distorsión de la realidad judicial; esto también lleva a un uso poco preciso de los términos jurídicos; en segundo lugar, la forma de transmitir las informaciones, que es tan diversa como diverso sea el medio de comunicación específico que ofrezca la información. El magistrado recuerda que los medios de comunicación no solo crean información, sino también opinión, y aboga por un periodismo más riguroso.

En cuanto al mundo del cine, aunque se ha echado en falta alguna ponencia de personalidades del séptimo arte, Fernández Seijo ha repasado la figura del juez a través del cine y las series de varios países, incluidos España, para volver a reafirmarnos en la ausencia de esta figura con contadas excepciones, como es el caso de la célebre película Tacones lejanos o la inconclusa serie Turno de oficio. Este hecho vuelve a jugar en nuestra contra pues, en opinión de Lorenzo Silva, el impacto social de la literatura es limitado, siendo el cine y las series televisivas las que crean un mayor impacto en la sociedad.

¿Cómo hacer, entonces, que un juez de instrucción cobre importancia en nuestro arte, sin sacrificar la verosimilitud con la realidad? Tal vez sea esta pregunta la que resuma la paradoja tratada explícita e implícitamente a lo largo de todas las ponencias del curso. Silva opina que lo primero es dar a conocer a la población las funciones y desempeño de un juez de instrucción, tratando de acercar el lenguaje judicial a la población. Quizás una segunda fórmula sea el propio curso per se, donde distintas personalidades del mundo de la Magistratura han hecho el esfuerzo de acercar el mundo de la justicia a las artes en concreto y a la población en general, en un intento de paliar la soledad del juez de instrucción. Esperamos poder contar más adelante con nuevas y acertadas iniciativas como esta.

Cristina Pazos del Olmo