Pablo Neruda (Chile, 1904-1973) es uno de los poetas más influyentes de todos los tiempos, tanto en la cultura hispanoamericana como en la mundial, hecho que prueba no solo la atribución en 1971 del Nobel de Literatura, sino la notoria fecundidad de su obra y la figura del autor, que ha trascendido el ámbito literario para impregnar otros campos como la cultura popular o incluso la historia política y social de Chile. Es, sin duda, un referente mundial de la creación artística y algunos de sus versos, como aquellos del poema de amor nº20 y otros de ese mismo libro, forman ya parte del lenguaje popular en los países hispanoamericanos y se transmiten de boca a boca y de generación en generación, como los lamentos a los cielos del pobre desafortunado del Segismundo de Calderón, o como las pupilas azules que se clavan en el enamorado de la rima de Bécquer.

Pablo_Neruda_1963

La poesía de Pablo Neruda es extensa y variada, tanto en cantidad como en temática. No obstante, no existe una evolución regular y cronológica en su obra, como ya nos advierte el propio autor a lo largo de sus memorias, sino que su poesía está plagada de barreras y de saltos, pero también de retornos.

Siguiendo a Silva Castro, podemos sintetizar la obra nerudiana en cuatro etapas o épocas distintas:

Primera etapa, o poesía amorosa: se trata de una poesía de amor, muy pasional, centrada en las mujeres y en los sentimientos que le provocan. Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924) es la obra amorosa por excelencia de Neruda y, probablemente, la más famosa de entre todas sus obras.

Segunda etapa, o poesía del exilio: en esta etapa, Neruda plasma las imágenes y sensaciones que vienen de su inconsciente, de la intuición, para defenderse de la dura experiencia que está viviendo en el exilio. Residencia en la tierra (1937) es prototípica de esta segunda poesía.

Tercera etapa, o poesía comprometida: de nuevo vemos un giro en la poesía nerudiana, esta vez hacia una poesía impura y comprometida social y políticamente. Se inicia con su viaje a España, a la que dedicará España en el corazón (1937), y continuará con su famoso Canto general (1950). El compromiso político y social del autor nunca desaparecerá del todo.

Cuarta etapa, o poesía posmoderna: se trata de una poesía más clara, más sencilla, en la que Neruda centra su temática en las cosas cotidianas.

Para Loyola, gran conocedor nerudiano, las fases se simplifican hasta reducirse a dos: una primera, variada y extensa fase moderna, que incluiría las tres primeras fases de Silva Castro, seguida de una fase posmoderna que se iniciaría plenamente con la obra Estravagario, fase que desarrollaría hasta su muerte. La primera fase moderna incluye muchos de los títulos más leídos del autor, pero no se puede decir lo mismo de la segunda fase. 

No obstante, es justamente esta última etapa nerudiana la más sorprendente y la menos conocida, aquella que nos ofrece a un Neruda distinto, un Neruda que duda, que envejece, que se cansa, que cuestiona creencias y hábitos pasados. Es un Neruda reflexivo, que piensa y teme a la muerte, que se nos muestra, contra todo pronóstico, apático y melancólico.

Pero, cuando hablamos de que el poeta entra en una fase posmoderna, ¿a qué nos referimos exactamente? En opinión de los autores anteriores, son dos los hitos cruciales que llevan al autor a entrar en la posmodernidad: el primero, en el ámbito sentimental, se da al terminar finalmente su matrimonio con Delia del Carril en 1955 para poder oficializar su relación con Matilde Urrutia, último de los amores del autor que le acompañará hasta la muerte; el segundo, en el ámbito político, con el conocimiento de los crímenes cometidos por Stalin que saldrán a la luz en el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (1956). Neruda, comunista militante y convencido, atravesó por una fuerte crisis política, al igual que muchos de sus compañeros de partido. No obstante, no renunció a la ideología ni abandonó el movimiento, sino que se dio cuenta de que su error había sido subordinar su escritura a esta ideología. Es por esto que, en palabras de Loyola, “Neruda no cambió de partido: cambió de escritura”.

El cambio más importante en este nuevo Neruda posmoderno es la fragmentación del sujeto. Hasta ahora, la identidad moderna que el poeta se había esforzado en crear mantenía un sentido de desarrollo, de progreso y, en definitiva, de unidad. No obstante, con Estravagario se produce una fragmentación del sujeto y pasamos del ideal de unidad moderno al reconocimiento de esa fragmentación.

De tantos hombres que soy, que somos, 
no puedo encontrar a ninguno:
se me pierden bajo la ropa, 
se fueron a otra ciudad.

(Muchos somos)

Como consecuencia de este cambio, se produce en la poética del autor un repliegue hacia una esfera más privada y menos pública o autorrepresentativa, como nos tenía acostumbrados.

Esta fragmentación no se produce tan solo a un nivel horizontal, sino también a un nivel vertical, puesto que el autor reconoce haber vivido muchas vidas y ser el suyo un camino lleno de altibajos.

Ahora me doy cuenta que he sido
no solo un hombre sino varios
y que cuantas veces he muerto,
sin saber cómo he revivido,
como si cambiara de traje
me puse a vivir otra vida

(Regreso a una ciudad)

Otro de los cambios más significativos en la nueva poética nerudiana es su decepción con la historia, es decir, con la modernidad. Ante el insoportable conocimiento de los crímenes de Stalin, Neruda es consciente de la muerte de una época y será el primero en criticar al socialismo en libros posteriores (Fin de Mundo, en 1969). Es por ello que, desde Estravagario en adelante, Neruda deja de perseguir metas u horizontes. Neruda cambia la perspectiva teleológica por su oposición tajante a la dominante histórico-cultural posmoderna, resistiéndose a las imposiciones de la globalización.

El impacto de la doble crisis vital en el poeta fue clave para que se parase a reflexionar acerca de su vida, de las decisiones que había tomado y, sobre todo, para valorar y juzgar sus propias acciones. Estravagario va a ser el primer libro escrito en plena crisis y el que le va a llevar a tomar una actitud más humilde y un lenguaje sencillo y puro. Neruda opta por lo directo, lo literal, sin galas o musicalidad en el verso, para ofrecernos un relato de su existencia, de la significante y de la insignificante, a veces clara y otras, oscura; a veces llena de dudas y otra, de certezas; a veces con humor, otras con angustia.

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El Neruda del final de la vida sigue siendo un Neruda poco explorado y valorado, especialmente la obra que lo inicia, Estravagario, que ha recibido una crítica más bien mixta: muchas positivas, algunas pocas negativas, unas cuantas sin valoración alguna. En estos dos últimos casos, se podría decir que, muchas veces, es fruto de no haber comprendido la importancia de la obra dentro del contexto del autor, tanto poético como personal. De hecho, el propio Neruda guarda en sus memorias un grato recuerdo de Estravagario, al que considera su libro más íntimo y el que “salta mejor”:

De todos mis libros, Estravagario no es el que canta más, sino el que salta mejor. Sus versos saltarines pasan por alto la distinción, el respeto, la protección mutua, los establecimientos y las obligaciones, para auspiciar el reverente desacato. Por su irreverencia es mi libro más íntimo. Por su alcance logra trascendencia dentro de mi poesía. A mi modo de gustar es un libro morrocotudo, con ese sabor de sal que tiene la verdad.

Bellini, otro experto en materia nerudiana, se muestra positivo con el último Neruda y es de la opinión de que Estravagario se encuentra entre los textos nerudianos que, a pesar de la crítica dispar, van a seguir leyéndose en el futuro, puesto que trata de aquellas inquietudes del hombre que permanecen intactas a través del tiempo: la vejez, la enfermedad, la soledad, la identidad o la muerte. Quizás entonces se podrá realizar un nuevo acercamiento a Neruda desde otra óptica y focalizándose en este último Neruda que tiene, aun a título póstumo, mucho que ofrecernos.

Cristina Pazos del Olmo


Fotografías de Pablo Neruda obtenidas en Wikimedia Commons.