Recientemente me encontraba reordenando mis notas y apuntes para hacer la reseña del seminario Refugiados, migraciones y respuesta europea organizado por la UIMP en Santander durante los días 14, 15 y 16 de agosto. La idea era elaborar una síntesis global del curso que sirviera para dar a conocer sus principales ideas y conclusiones. Sin embargo, al poco de comenzar a escribir y como esto de la narrativa tiene vida propia, comprendí que la charla concedida por Óscar Camps suponía y merecía en sí misma un artículo. A muchos os sonará el nombre de este catalán, mientras que para otros resultará totalmente ajeno o desconocido; como casi siempre, depende del lugar o esfera donde uno se mueva.

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Óscar Camps durante su charla en la UIMP

Óscar Camps es un empresario y activista catalán, padre de cuatro hijos y fundador y director de la ONG Proactiva Open Arms. Esta organización se dedica a labores de socorrismo y rescate de refugiados en el mediterráneo central y en el entorno de la isla griega de Lesbos, frente a la costa turca, así como a la denuncia de las injusticias que tienen lugar allí y que en muchas ocasiones no tienen voz. Muchos conocíamos a Óscar gracias al documental Astral que relata la historia de un velero de lujo convertido en barco para refugiados y el drama de estos al intentar atravesar el mediterráneo en busca de un futuro en Europa. Dicho documental fue producido por Jordi Évole y su equipo de Salvados y se exhibió durante el pasado invierno en numerosas salas de cine de nuestro país

Durante su ponencia sabiamente titulada El desafío a la indiferencia en el mediterráneo, Óscar Camps nos contó de primera mano su experiencia en el mar más militarizado del mundo; habló de los conflictos territoriales y contradicciones entre Malta e Italia, puesto que Malta lleva 3 años sin recoger a nadie que venga por mar y a su vez Italia se queja de que Malta no participa. Su relato resulta estremecedor, alude a que las vidas no importan nada, sólo importa la campaña mediática para seguir a fines partidistas; de hecho, está subiendo la tasa de mortalidad en el Mediterráneo, señala Camps, o lo que es lo mismo, la cosa va a peor porque tenemos el mismo número de muertos pero hemos pasado de 175000 rescatados el año pasado a 97000 este año. Incluso para Frontex (Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas) es más importante que haya muertos en el mediterráneo porque es disuasorio. Todo ello bajo el control de la guardia costera de Roma.

Por otro lado, las ONGs se sostienen de fondos y el 97% de estos proceden de donaciones privadas, de ahí la campaña para desprestigiarlas y evitar su financiación. En ese sentido, Óscar Camps habla de forma clara y rotunda para denunciar la campaña mediática contra las ONGs. Éstas están recibiendo acusaciones realmente graves como la financiación ilegal o trabajar en convivencia con los traficantes. Al final se convierten en testigos incómodos y los medios de comunicación tienen una capacidad enorme para generar corrientes de opinión, de ahí su peligrosidad y poder. Menciona también la contradicción absurda de imponer un código de conducta a las ONGs, cosa totalmente ilógica e irracional que además está dividiendo a la organizaciones, que según su propio código de actuación e ideario aceptan o no. Por ejemplo, Médicos Sin Fronteras se ha negado a firmar porque tiene neutralidad y no admite gente armada.

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Refugiados sirios e iraquíes tratan de desembarcar en las aguas costeras de Lesbos en Grecia, después de haber cruzado desde Turquía. Fotografía de Ggia, obtenida en Wikipedia.

El activista catalán acusa al gobierno de Trípoli de ser un grupo armado que controla el gas y el gobierno y denuncia la violación continuada y sistemática de los derechos humanos en un país como Libia, donde actualmente el 30% de su población vive del tráfico de personas. Paradójicamente es un gobierno reconocido por la ONU, de ahí que Europa le pueda vender armas. El flujo de personas pagando 1000 dólares por cabeza resulta ser un negocio enorme. Además, claro está, del negocio que surge del propio contexto y que identifica con personas normales que no pertenecen al entramado del tráfico de personas; es el caso del humilde pescador que ve en el motor de su barca la posibilidad de ganar algo, por ejemplo. Óscar declara durante su ponencia un presagio tráfico; vaticina o augura que pronto ACNUR intervendrá en Libia diciendo que es un país seguro e invertiremos millones para cambiar el lugar de paso; es decir, primero fue Turquía y luego será Libia.

Durante su charla Óscar no sólo habla de cuestiones geopolíticas y cifras espeluznantes, también tiene palabras hacia las historias pequeñas. Relata, por ejemplo, la historia estremecedora y espeluznante de una chica capturada por un clan en Libia y obligada a trabajar como esclava sexual hasta que ella misma se clavó un tenedor para poder ser refutada, repudiada. O la historia de dos hermanas que huyen de la ablación del clítoris. Nos enseña el terrorífico video que muestra cómo son tratados los negros en Libia; uno de sus protagonistas confiesa una verdad que Óscar confirma y que a mí ahora mismo me cuesta reproducir al recordar las siniestras imágenes reales que acompañaban la grabación. “En Libia no se va a la cárcel por matar a un africano.” Además, el director de Proactiva Open Arms denuncia la terrible situación de las mujeres en este drama humano, llegan muchas menos de las que salen y todas las mujeres son violadas, no una vez, sino muchas. Algunas vienen embarazadas de esas violaciones, otras dan positivo en el VIH. En Libia son utilizadas como juguetes sexuales.

La experiencia y tiempo sobre el terreno le permite ofrecer a Camps una visión sumamente interesante y conocedora de lo que sucede en el mediterráneo, incluso con sus propias paradojas. El contrasentido de que las empresas textiles donen dinero a ONGs al mismo tiempo que los refugiados huyen de ese país que les ha explotado y les obliga a trabajar; o que el 50 % del dinero recibido en donaciones acabe en el petróleo o combustible para mantener a ese barco que salva vidas. Al mismo tiempo Camps apunta de forma crítica hacia nuestra propia paradoja como ciudadanos y consumidores: mientras compremos camisetas por 9 euros hechas en Bangladesh obligaremos a ese chico a huir del hambre y la explotación en busca de un sitio en Europa.

Imagen 12Su discurso, coherente y comprometido, resulta sumamente crítico con aquellos que se benefician de lo sucedido en el Mediterráneo y especialmente arremete contra la inacción de los gobiernos y la manipulación de los medios para servir a los fines propagandísticos de éstos. Para finalizar, este hombre que sabe de lo que habla, planteó que si un barco pequeño puede hacer todo esto, qué no lograrían hacer 28 gobiernos, instando a los gobiernos a que se involucren. Pero su crítica va más allá y en otro momento del seminario Camps ofrece una sensata reflexión con la que me gustaría clausurar este artículo: insiste en que la sociedad está dormida, anestesiada y seguimos pensando que tienen (los políticos) que venir a despertarnos. “El sentido a la vida da derecho a lo que hacemos”, decía Camps en algún momento de su charla. El sentido del trabajo de uno y de la vida de uno es la capacidad de amor y de creer en los demás”, diría el poeta Luis García Montero.

Una tarde fría y húmeda de diciembre vi Austral en el salón de actos de un instituto en la Cantabria oriental. La sala está extremadamente vacía porque al final estas cosas interesan y llegan a poca gente, por eso al menos tenía que cumplir mi pequeño compromiso y escribir estas líneas. Al fin y al cabo, tras la tragedia ocurrida en Barcelona se oyen numerosas voces, violentas y llenas de desconocimiento y odio. Óscar Camps representa justamente lo contrario, un profundo conocimiento sobre el tema y la templanza del verdadero compromiso contra la injusticia y desigualdad.

Silvia Villanueva Santander