Entre el 14 y 16 de agosto tuvo lugar en Santander uno de esos encuentros difíciles de olvidar. Creo que todos los allí presentes – asistentes, ponentes, periodistas e incluso oyentes que se acercaron al curso de forma casual – nos quedamos con una sensación agridulce: dulce porque la puesta en escena fue magnífica, con unas ponencias de gran calidad a partir de la experiencia real sobre el terreno y de un serio conocimiento de aquello de lo que se habla; amarga y áspera asimismo por el drama humano y la tragedia que encarnan, sin aditivos, las migraciones forzosas de personas.

Pero comencemos por el principio, puesto que es interesante conocer la intrahistoria, que diría Unamuno, sobre el curso en sí. A finales de octubre del 2016, Laura González de Miguel, técnico de programación de la UIMP, y Jesús Tejera fueron a trabajar tres semanas como voluntarios a un campo de refugiados cerca de Thesalonika, Sinatex-Kavallari. A su vuelta a España dieron charlas y organizaron actos para recaudar fondos; de una de esas charlas en un ciclo de conferencias de la UIMP salió la iniciativa propuesta de organizar un curso de verano dentro de esta institución. Y así, de esta forma espontánea, surgió el encuentro Crisis de los refugiados: conflicto, migración y respuesta europea.

El lunes 14 por la mañana queda inaugurada – tras la apertura oficial – con el impactante testimonio de Antonio Pampliega, experto conocedor del conflicto en Siria tras haber estado 12 veces en el país y que fue secuestrado casi 10 meses por Al-Qaeda y a quien pudimos entrevistar en este mismo medio. Además, el encuentro contiene el logro de haber reunido a tres mujeres sirias para que nos ofrezcan su visión – de hecho, es una mujer santanderina de padre sirio la directora y moderadora del encuentro, quien resultó magnífica y extraordinaria en su labor -. La profesora en la Universidad Carlos III de Madrid Leila Nachawati, especialista en comunicación y derechos humanos en Oriente Medio y Norte de África, ofreció su visión sobre Siria sin los sirios, sin todos aquellos que pudieron salir del país de forma forzosa (su mayoría) o por otros medios. Sumamente interesante fue la ponencia de Nour Al-Hussen, politóloga y especialista en seguridad integral que reflexionó sobre la lucha de la mujer siria como la lucha de cualquier mujer feminista y reivindicó el papel de la mujer como agente de cambio más allá que como mera víctima.

Imagen 1
La profesora Leila Nachawati y la politóloga Nour Al-Hussen durante el encuentro

También el activismo en la región y la ciudadanía cántabra tuvo su papel en el encuentro. José Elizonzo, investigador y miembro de Pasaje seguro y Cantabria con las personas refugiadas, nos habla de hacer cosas desde lo cotidiano, de la importancia de los pequeños gestos en la sensibilización y acercamiento al otro y, sobre todo, nos advierte frente al peligro de la xenofobia, frente al peligro de convertir a la víctima en verdugo. Insta a la sociedad civil a que se rebele contra la barbarie. Se criminaliza a las víctimas a partir de su propio relato, por lo que es necesario vincular el relato de las víctimas a las causas que les llevan hasta aquí. Mariano López de Miguel nos ofrece una ponencia más teórica pero igualmente interesante e estimulante para entender el conflicto desde una visión no sólo histórica sino sociológica que aglutine muchas de las variables que afectan al conflicto de Siria: demográficas, políticas, sociales e incluso ambientales, como por ejemplo, las sequías.

Algo novedoso y poco habitual en este tipo de encuentros o cursos de verano fue la comunicación directa vía Skype con tres refugiados solicitantes de asilo en Europa. Así, los asistentes en la sala pudimos escuchar el testimonio de una mujer siria desde Alemania, de un chico sirio que reside actualmente en Holanda y de un iraquí que vive en Grecia.

imagen-1w.png

Los tres han pasado unos meses en el campo de refugiados y nos hablaron de su recorrido hasta allí y de su vida actualmente en los países de acogida, con todas las dificultades – idioma, adaptaciones culturales, desarraigo – que eso supone. Otra de las tardes, también por videoconferencia, escuchamos el testimonio de Salah Haj Ismael, profesor asociado de arquitectura de la Universidad de Alepo que reside actualmente en Torrelavega en condición de asilado y que nos explicó su recorrido hasta llegar a nuestra región y su experiencia en Cantabria, con el vecino que le mira con cautela o con el desconocido que le pregunta con interés por su país.

Otro de los tinos de este cúmulo de aciertos que supuso este encuentro fue escuchar la voz y experiencia de Óscar Camps, fundador y director de la ONG Proactiva Open Arms, organización dedicada a labores de socorrismo y rescate de refugiados en el mediterráneo central y en el entorno de la isla griega de Lesbos, así como a la denuncia de las injusticias que allí tienen lugar. Camps nos contó de primera mano su experiencia en el mar más militarizado del mundo, artículo que podéis encontrar es este mismo espacio.

El encuentro concedió, por tanto, la palabra a muchos voluntarios que relataron su experiencia sobre el terreno. Por ejemplo, la suiza Alexandra Aronsky, fundadora del centro cultural Be Sinor en el centro de refugiados Sinatex Cavallari. Alex lleva un año viviendo en este campo y nos habla de lo que allí sucede, de sus principales dificultades y también menciona la falta de apoyo para el colectivo LGBTT. Por otro lado, Nicolás Calzada, cántabro y rescatador de salvamento marítimo, nos explicó las motivaciones, experiencias y sobre todo reflexiones que dejan atrás su colaboración durante dos semanas con la ONG Proactiva Open Arms. Por su parte, Pilar Marín es médico de familia en Colindres (Cantabria) y nos relata su experiencia como voluntaria en la gran olvidada – como ella misma refiere – Serbia, y pone de manifiesto muchos de los conflictos y dudas que le surgen al voluntario y que es lo que muchas veces nos lleva hasta allí; y, para acabar, el encuentro contó con la presencia de la presidenta de Cantabria Actúa, Fátima Figuero, quien nos habló del activismo en la región –recaudaron 12000 kilos de ropa, calzado y mantas para los refugiados del campo de Idomeni – y de su experiencia vital al conocer de primera mano la situación de los campos de refugiados.

Un aspecto muy interesante del curso y quizá novedoso fue el análisis crítico de los medios de comunicación desde sus propios agentes, es decir, desde los propios periodistas. Además del mencionado Pampliega, pudimos escuchar la sugestiva ponencia y brillante charla, con un manifiesto lenguaje poético, de Nicolás Castellano, periodista de la cadena SER especializado en el fenómeno de la migración, premiado con varios galardones relacionados con los derechos humanos y autor de los libros Mi nombre es Nadie y Me llamo Adou.

sds-e1504432568278.png
El periodista Nicolás Castellano durante su charla en el encuentro de la UIMP

Castellano observa que en el relato de las migraciones sobra xenofobia y racismo y denuncia ese tipo de titulares, instándonos a ser mucho más crítico con los medios, porque realmente el discurso del miedo funciona. Hay que tener en cuenta que la construcción mediática de separación del otro es muy fuerte y los medios actualmente crean corrientes de opinión. Además, no podemos olvidar que dicho medios aparecen corrompidos por el poder económico y los grandes intereses trasnacionales y corporativos. También hay que estar atento al grave peligro que acecha a las redes, porque el mundo se resuelve a golpe de tuit y los tuiteros han llegado a ocupar el lugar de los medios. Insiste en que la prensa está llena de topicazos – por ejemplo, la existencia de un mafioso detrás de esa embarcación patera que trata de llegar a Europa -y que se trata en realidad de un argumento muy simplificado. Al final es cierto que los mafiosos se lucran porque no hay forma de pedir asilo y refugio. Además, insiste en que somos muy poco conscientes de las muertes en el desierto y que una de las grandes figuras obviadas por los medios de comunicación son los refugiados internos. Por otro lado, Castellano recalca la desprotección de los menores en las migraciones porque, de hecho, 9 de cada 10 niños que atraviesa el mediterráneo no lo hace acompañado. El periodista reflexiona, pero sobretodo denuncia, que no sólo en Libia o aguas del mediterráneo se violan los derechos humanos: también ocurre España y señala la tragedia del Tarajal (Ceuta) y la situación de los CIES (Centros de Internamientos de Extranjeros).

Hubo aún más en este apasionado encuentro, y me estoy refiriendo a la charla del director de Intermon Oxfam, José María Vera. Vera ofreció su análisis sobre el escalofriante informe “Ya no eres humano” y su reflexión – acompañada de escalofriantes datos – sobre el desplome de la capacidad de la Comunidad Internacional para dar respuesta a las migraciones forzosas de personas. La propia moderadora, Aisha Al- Said, politóloga y experta en alianzas para el desarrollo – o lo que es lo mismo, con una gran trayectoria en cooperación – concedió una ponencia final donde sintetizó las principales ideas del encuentro y ofreció vías de camino y una cierta esperanza hacia el futuro. Porque, como ella misma señalaba parafraseando a Kant con su imperativo categórico, “todo lo que les sucede a los demás nos puede pasar también a nosotros”.

Resulta sumamente difícil hacer una síntesis teórica y rigurosa de las ideas y palabras allá planteadas, de la emoción y fuerza que contenían algunas ponencias, de la esperanza que convive con la asunción dolorosa de la tragedia y la impotencia, pero es lo que he tratado de hacer a lo largo de este (ya) extenso artículo. Este seminario de la UIMP se caracterizó por que lo social y lo humano prevaleciera sobre lo académico – y eso es lo que lo ha convertido en especial y memorable para muchos de los que allí estuvimos, aunque todo ello dentro de un enorme rigor y profundo conocimiento de lo que se habla. El encuentro, una vez explicada su intrahistoria, demuestra de alguna forma la verdad sugerida por Eduardo Galeano: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo” .

Silvia Villanueva Santander