Título: La carne

Autor: Rosa Montero

Género: Novela

Año publicación: 2016

Editorial: Alfaguara

Páginas: 240


La carne es la última novela de la escritora Rosa Montero, publicada hace justamente un año. En ella, Rosa nos presenta a Soledad, una historiadora del arte que acumula años – 60 – y miedos – muchísimos más, como vamos conociendo a medida que leemos la novela, entre los que destacan el miedo a la vejez, a la muerte, a la soledad o al paso del tiempo.

Despechada ante un nuevo fracaso amoroso, Soledad contratará a un gigoló para que le acompañe a una función de ópera a la que también asistirá su examante, con el único (y presuntuoso) fin de darle celos. Será después de esta función cuando un incidente imprevisto una a Soledad y a Adam – su joven gigoló al que casi duplica en edad – más allá de esa noche de ópera. A partir de entonces, se desarrollará una singular relación entre ambos personajes, basada en los secretos, en la pasión, en la mentira y, sobre todo, en la necesidad: económica, de él; física, un poco de ambos; emocional, de ella, y puede que, también (nunca lo sabremos con seguridad), de él.

A través de esta misteriosa e inquietante relación, Soledad reflexionará acerca de la vejez y la vida, de la imposibilidad de frenar el tiempo y de la inevitabilidad (y, sobre todo, la imprevisibilidad) de la muerte, pues nunca podremos estar completamente seguros de cuándo será la última vez de algo: la última vez que leamos un buen libro, la última vez que hagamos el amor, la última que respiremos, la última vez de todo. También reflexiona, a veces con rabia, otras con ironía, a menudo con tristeza y desesperación, sobre todo aquello que no hemos hecho y que ya no tenemos el tiempo o la oportunidad de hacer. Y es que, como bien dice Soledad:

La vida es un pequeño espacio de luz entre dos nostalgias: la de lo que aún no has vivido y la de lo que ya no vas a poder vivir.

La carne es, indudablemente, una llamada de atención a nuestra finitud, un canto a la vida, un sorprendente, tardío e irrefrenable despertar:

Si hubiera sabido que iba a ser vieja y que se iba a morir, habría vivido de otra manera. Pero antes lo ignoraba. Es decir, nunca lo supo de este modo verdadero e irremediable. Y ahora ya era tarde.

Montero nos ofrece un relato paralelo al de los dos amantes, el de la exposición que Soledad está preparando para la Biblioteca Nacional de España, un reportaje sobre las vida y obra de escritores malditos. La protagonista mezclará, a propósito, las biografías de los malditos con la suya misma y se cuestionará los conceptos de cordura y de locura en estos escritores, en la sociedad y en ella misma. La incomprensión es, por tanto, otro tema de preocupación para Soledad, una incomprensión que viene acompañada de una perpetua soledad.

 Ser maldito es saber que tu discurso no puede tener eco, porque no hay oídos que lleguen a entenderte. En esto se parece a la locura.

He leído en muchos sitios que este libro es una historia de intriga; en otros cuantos, que es una historia de amor. Sin embargo, yo no diría que es enteramente lo uno ni lo otro. Desde luego, la historia tiene intriga, una intriga en torno a Adam y a su relación con Soledad que está muy bien dosificada. Pero, para mí, esta intriga es secundaria, es una excusa para contarnos lo verdaderamente importante, que es la lucha contra la soledad y contra el paso del tiempo, la huida frenética de la muerte y la aún más frenética búsqueda de afecto. En cuanto al amor, no creo que este sea el tema central de la historia: no es el amor, sino más bien la necesidad de amor. Y la necesidad de amar. Es la necesidad de llenar nuestro vacío vital, de ahuyentar la soledad, de sentirnos vivos, de atenuar nuestros miedos.

También he leído que La carne es una novela libre. Y tanto que lo es. Es libre porque, por una vez, es una mujer la que duplica la edad del hombre, y no viceversa; porque la protagonista expone a su nuevo amante como un trofeo, un objeto sexual, algo que ha sido clásicamente un comportamiento típicamente masculino; porque Soledad es altiva, es vanidosa y lujuriosa, actitudes que tan poco acostumbrados estamos a ver en un personaje femenino. La carne es libre porque expresa con crudeza y detalles incómodos los estragos de la vejez, la dictadura del sexo y del físico, porque su personaje principal no es tierno o dulce, sino que se mueve por sentimientos banales e incluso mezquinos. La carne es libre porque Soledad es humana, es imperfecta, es buena y también mala, es caprichosa y generosa y afectuosa y orgullosa y necesitada. Soledad somos un poco todos, en ocasiones y en ciertas circunstancias, y Montero, tan aguda como siempre, ha sabido tomarse la libertad de recordárnoslo.

La última novela de Rosa Montero nos deja con un sabor amargo en la boca, el sabor de la decepción, de la pérdida, de los miedos improbables y más aún de los inevitables. La carne te llega, se clava y se retuerce, te despierta sentimientos de compasión, de pena, de frustración, de tristeza. Este libro no nos ofrece tregua ni un final feliz, pero consigue lo más importante, quizá lo único importante en un libro: nos deja pensando. Y es que La carne no entretiene ni deja indiferente, sino que sus reflexiones y sus pequeñas tragedias se quedan con nosotros. Y, ¿qué hay más importante para un escritor que el saber que su historia no acaba con la última página del libro?

Sobre la autora

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Rosa Montero (Madrid, 1951) es una periodista y escritora ganadora de numerosos premios, entre los que destacan el Premio Nacional de Periodismo (1981), el Premio Primavera (1997) con La hija del caníbal, el Premio Qué Leer (2003 y 2005) por La loca de la casa e Historia del Rey Transparente, respectivamente; el Premio Crítica de Madrid (2014) por La ridícula idea de no volver a verte y el Premio José Luis Sampedro (2016) por el conjunto de su obra, entre otros. En su obra encontramos temas y preocupaciones centrales que se repiten a lo largo de sus novelas, como son el amor y el desamor, la soledad, el paso del tiempo y la muerte.

Hoy en día la autora vive en Madrid y colabora semanalmente como articulista en el suplemento dominical de El País, del que fuera redactora jefe en el pasado. Asimismo, imparte un curso de escritura en la Escuela Creativa y es una incansable defensora de las pequeñas y no tan pequeñas causas.

Cristina Pazos del Olmo


Fotografía de Rosa Montero obtenida de la Wikipedia.