Herbert Graf, también conocido como Juanito, fue el paciente más joven de Freud y también de toda la psicoterapia, gracias al cual Freud desarrollaría su teoría y tratamiento de las fobias, en general, y en el psicoanálisis infantil en particular.

El pequeño Juan era hijo de un importante musicólogo y miembro del círculo íntimo freudiano en Viena. Ante la grave fobia que su hijo comienza a padecer hacia los caballos tras ser testigo de un desafortunado accidente, el padre decide consultar al famoso psicoanalista. Freud comenzaría así a desarrollar un exhaustivo diario con las observaciones en relación a la terapia de Herbert, donde se incluirían, también, las propias notas de la familia referentes a los diálogos, sueños y fantasías del pequeño, lo que posteriormente culminaría con la publicación de “Análisis de la fobia de un niño de cinco años” en 1909, libro que le permitiría probar sus teorías acerca de las fobias y los traumas infantiles, y corroborar sus ideas ya publicadas sobre la interpretación de los sueños.

pexels-photo-325684El caso de Juanito era el siguiente: a la edad de cuatro años, mientras se encontraba dando un paseo con la criada por el parque, fue testigo de un aparatoso accidente en el cual un caballo que tiraba de un carro se desplomó en el suelo. A raíz de este suceso, Herbert comenzó a desarrollar una fobia significativa hacia los caballos, de tal magnitud que llegó a impedirle salir de casa (pensemos que una fobia a los caballos hace cien años equivaldría hoy a tener fobia a los coches, lo que sin duda nos dificultaría bastante el poder salir de casa sin toparnos con algún vehículo por el camino). Pero la fobia de Juanito no era la misma hacia todos los caballos, ya que aquellos que aumentaban su miedo eran los caballos que mordían algo negro con la boca. ¿Por qué esta fobia tan específica? ¿Quizás porque el caballo que vio desplomarse se encontraba mordiendo algo negro con los dientes? Nunca lo sabremos con seguridad, pero lo que sí conocemos es la interpretación que el padre del psicoanálisis les dio a estos hechos, interpretación que es, desde luego, tan libre como entretenida.  

Y es que, según Sigmund Freud, el caballo que se desploma y muere es un símbolo del padre de Juanito, el musicólogo. El caballo tiene un gran “aparato para hacer-pipí” (en palabras del niño), al igual que su padre, y también tiene “algo negro en la boca”, que bien puede ser una alegoría del bigote del padre. Freud aplica su famosa y polémica teoría del Complejo de Edipo a la fobia de Herbert, aquella que asegura que en cierto momento de nuestra niñez desarrollamos sentimientos de amor por el progenitor de distinto sexo y, a la par, sentimientos de rivalidad por el progenitor del mismo sexo. En el caso de Juanito, el niño estaría fantaseando con la muerte de su padre para poder pasar más tiempo a solas con su madre, y estos deseos le producirían tales sentimientos de culpa y vergüenza que se traducirían en su fobia hacia los caballos. En otras palabras: el pene del caballo simbolizaría el del padre de Juanito, rival frente al amor por su madre, y ante la diferencia de tamaño y la subsecuente frustración (conocida como ansiedad de castración), Juanito proyectaría estos sentimientos de inferioridad y temor en su fobia hacia los caballos, especialmente aquellos con algo negro en la boca que pudiera semejarse a un bigote, al igual que el de su padre. El propio Juanito relata, entre sus notas, un sueño que le sirve a Freud para apoyar su teoría y al padre de Juanito, psicoanalista convencido, para acabar de creérselo. En dicho sueño, dos jirafas, una de cuello grande y otra arrugada, comienzan a discutir con Juanito. La jirafa de cuello grande le recrimina al niño que le haya quitado la jirafa arrugada, ante lo cual el niño se la devuelve y la jirafa de cuello grande aprovecha entonces para sentarse encima de la arrugada. El padre de Juanito, aplicando la teoría de Freud, llega a la conclusión de que la jirafa de cuello grande es él mismo, o más bien la representación de su pene, mientras que la jirafa arrugada es la madre, o la representación de su vagina; el hecho de que el niño le devuelva la jirafa arrugada a la grande, que aprovecha para “sentarse” encima de ella, se plantea muy claro para el padre y para Freud – no sé si se muestra igual de claro para vosotros… – .

Juanito confiesa, a lo largo de la terapia, que le gustaría “azotar a los caballos” (lo cual no requiere de una extensa interpretación freudiana por mi parte si habéis leído con atención hasta aquí). Pero el padre no parece llevar nada mal lo de que el niño sueñe secretamente con su muerte, pues desde la teoría de Freud esto es algo que nos ocurre a todos. Es más, la contradicción entre el sentimiento de amor y de rivalidad hacia el progenitor contrario es, según Freud, un sentimiento que nos acompaña a lo largo de la vida y que conseguimos reprimir, dándole salida a través de la pasión amorosa.

439px-Freud_hansFreud profundiza en su teoría del complejo de Juanito con otros datos reales que rodean la vida del niño. El primero es el nacimiento de su hermana menor, lo que hace que su madre dedique más tiempo a la niña y menos a él, y que nazcan en él, también, deseos de matar a su nueva hermanita (hay que ver cómo son los niños, para que luego digan que todos somos buenos por naturaleza). El segundo hecho significativo es el miedo a la castración tras la advertencia de su madre, cuando le ve “jugando” con su “aparato para hacer-pipí”, de que si juega demasiado tendrán que acabar cortándoselo. Esta amenaza latente acabará, también, por provocar el trauma posterior con los caballos (su famosa ansiedad de castración). Por último, es esencial para el caso el cuestionamiento y las dudas de Juanito acerca de los mecanismos biológicos asociados a los nacimientos, a raíz del nacimiento de su hermana. Empieza a preguntarse cómo ha salido el bebé de la tripa de su madre y esto, puestos a interpretar, también le lleva a Freud a ver una simbología con la amenaza de los caballos, que llevan una carga muy pesada, al igual que la madre trajo una “carga” muy pesada a este mundo: su hermanita.

Y bien, una vez planteado el problema, ¿en qué radica la solución o tratamiento al mismo? La curación es, de hecho, muy sencilla, y pasa por varias cosas: la primera, explicarle al pequeño Juan la naturaleza de los nacimientos y el procedimiento exacto por el cual su hermanita llegó al mundo. Esta clara explicación por parte de los padres produce un alivio automático en su fobia. La segunda, la ayuda significativa de una nueva fantasía para hacer desaparecer la amenaza del padre y, por ende, (dice Freud), la de los caballos: la de visualizarse a sí mismo no como el hijo, sino como el padre que está casado con su madre, lo que hace que relegue al padre al papel de “abuelo”. De esta forma, todo termina bien: el pequeño Juan ha encontrado una solución sencilla, democrática y exenta de sangre: en lugar de eliminar al padre, lo relega a un segundo plano, pero también lo “casa” con su madre, ya que es el abuelo. Así, la amenaza desaparece y él ya no tiene que matar a su padre. Menudo alivio.

La tercera solución la aporta la naturaleza, cuando de repente un día Juanito descubre que su “aparato de hacer-pipí” ha sido cambiado por uno más grande. Para que luego digan que el tamaño no nos importa…

La historia de Juanito tiene, por lo tanto, un final feliz para todos: para Freud, ya que el éxito del caso fue un paso más en su cada vez mayor reconocimiento y fama dentro del mundo de la psicoterapia; para el pequeño Juan, cuya superación de la fobia a los caballos le permitió volver a salir de casa y hasta viajar a Estados Unidos, donde desarrollaría una importante carrera como productor de óperas; y para el padre de Juanito, que pudo volver a dormir tranquilo por las noches sin temer las oscuras fantasías de su querido hijo mayor.

Cristina Pazos del Olmo