El pasado 30 de octubre, Aurora Luque (Almería, 1962), poetisa, traductora, profesora y experta conocedora del mundo literario griego, presentaba en la librería Gil de Santander su antología Aquel vivir del mar. El mar en la poesía griega, invitada por la Asociación Sociocultural Filohelena Periplo. La sala se encontraba llena de gente, una tarde cualquiera de sábado, en la capital santanderina y todos los allí presentes disfrutamos enormemente de la pasión y conocimiento que desprendían las palabras de Aurora Luque y su lectura comentada de algunos pasajes seleccionados.4

El libro Aquel vivir del mar tiene como título parte de un sugerente verso de Arquíloco: “Olvida Paros, aquellos higos y aquel vivir del mar”. Se trata de una personal e íntima compilación de poesía griega en torno al mar, a ese mar Egeo tan especial, tan acostumbrado a brumas y vientos. Dicho libro fue presentado por primera vez en otra ciudad con mar, Cádiz, en el 2011; pero los griegos nunca caducan y Aurora Luque pudo ofrecernos en otra ciudad con mar un soplo poético de la profundidad y calado que contiene su obra, eso sí, a sabiendas de que aquel que traduce siempre deja un poso, algo de su ritmo, en las palabras que hereda.

Esta fascinante autora, galardonada con numerosos premios a lo largo de su trayectoria profesional, entre los que destacan el Premio Federico García Lorca (1981), el Accésit al Premio Adonais (1989), el Premio Rey Juan Carlos (1992), el Premio Fray Luis de León (2003) y el Premio de Poesía Generación del 27 (2008), nos regaló una charla amena y especialmente evocadora, invitando al público a un mundo poético que transpira tranquilidad y belleza. Y, tras la conferencia, tuvimos la oportunidad de conversar con ella sobre poesía, el mar y Grecia en la entrevista que os ofrecemos a continuación.

SV – ¿Cuándo se produce tu primer encuentro con el mundo griego?

AL – El primer encuentro significativo que puedo formular y recordar, y que tuviera importancia para lo que vino después fue en el Bachillerato, al empezar a estudiar griego. Tenía una profesora que nos obligó a leer una obra traducida, podíamos elegir entre varias y yo leí El Fedro de Platón. Y me pareció algo tan distinto a todo, tan profundo, tan poético, tan misterioso, tan estimulante que desde entonces he seguido explorando el mundo de la literatura griega. Es verdad que antes me llamaban la atención los mitos, los leía en recreaciones de poetas y de autores. Pero creo que ahí fue donde yo vi que había algo muy importante en la literatura griega y que sólo los griegos me lo podían decir.

SV – ¿Qué tres cosas son imprescindibles para ti de la literatura griega?

2AL – En primer lugar, me parece especialmente valioso de la literatura griega el que hayan inventado los géneros literarios. La literatura griega tiene ese honor, es la diferencia en relación a otras literaturas. Es verdad que hay teatro en Oriente, pero es muy distinto. Tal y como lo entendemos y con esa importancia que luego se le ha dado en Europa, el teatro es un invento griego. Entonces, ese aire fresco, de recién inventado, de recién construido, de recién hallado es lo que me parece seductor en la literatura griega. Por otro lado, es fundamental el hecho de que no tuvieron en su cultura un libro dogmático, un libro con mayúsculas, religioso que los oprimiera, su literatura está llena de variantes, de mitos, sus escritores son muy libres, cuentan cosas que no han ocurrido en otras épocas. Y es que en otras épocas, los escritores no han sido tan libres, han tenido miedos a cometer herejías. Santa Teresa, por ejemplo, se pasó un rato largo escribiendo obra propia y otro disculpándose por ser mujer, humilde, incapaz, por no tener cultura y por miedo a meter la pata. En cuanto a la pintura occidental, muchas veces cuando se toca el tema mitológico antiguo, esta vuela y es la gloria de la representación de los cuerpos y todas las posturas y todas las aventuras posibles, mientras que cuando trata de temas religiosos católicos, son cuadros dolorosos, gimientes, terribles, de hombres y mujeres humilladas porque solo han de encontrar la salvación, y desde luego nunca desnudos. Hay una especie de amor a la vida y una falta del miedo al más allá y a los miedos impuestos por la religión que hace que la literatura griega sea riquísima. Y, en tercer lugar, está la belleza estética, la belleza poética que no ha caducado, que tiene unos recursos y unas imágenes que todavía nos seducen. Hay pinceladas, ecos, cosas que se dijeron de una manera, aciertos del poeta… Hubo una gran concentración de talento sobre todo entre la Época Arcaica y la Clásica y principios de la Época Helenística, ahí hay 3 o 4 siglos en los que la historia de las ideas y la historia del espíritu van a una velocidad especial. Hay gente que cuando oye estas cosas me podría acusar de eurocentrismo, pero es que es cierto, en otras culturas no se encuentran esa riqueza a esa velocidad y con esa profundidad de calado. Otras culturas son muy interesantes, pero esa riqueza de creación…, eso de que convivieran un Esquilo, con un Heródoto, con un Eurípides…, todo en un siglo…, un Platón, un Aristóteles…, todo ahí en pocas décadas es algo verdaderamente prodigioso en la historia de la cultura humana. Mejor sería aceptarlo y reconocerlo en vez de ir con el purito de “Ay, pobrecitos, que no se nos ofenda nadie, mejor callarnos y no decir nada”.

SV – ¿De dónde viene tu conexión o encuentro con el mar?

AL – A mi padre le gustaba mucho, lo tenía idealizado de su época de la mili, vivió en un barco un mes y para él el mar siempre fue como un sueño. Y después no sé bien qué es, probablemente la propia belleza del mar, es que el mar es …Yo creo que a cualquier poeta le gusta y fascina el mar.

SV – ¿Y tus lecturas infantiles también?

AL -Sí, las lecturas infantiles también, de Verne, Salgari… Yo no sé si ese amor por el mar ya me llevó a elegirlas y disfrutarlas más que a otras. Pero también el bosque, ese bosque nórdico también tiene un peso. Pero el mar… Mis lecturas de Los cinco, de El Polizón del Ulises de Ana María Matute, todo eso pesa muchísimo.

SV – ¿Conoces bien Grecia? ¿Cuántas veces has estado?

1 copiaAL – En Grecia no sé ya cuántas, 14 o 15. No lo conozco tan a fondo como quisiera porque no he pasado temporadas largas, pero sí he hecho y estudié varios cursos de griego moderno en la Universidad de Atenas, en Tesalónica; también he estudiado griego moderno en Málaga y me gusta muchísimo viajar siempre que puedo. Hay algo mágico en la gente… Pese a toda la amargura de la crisis, hay algo especial en los griegos actuales. Muchos profesores de griego antiguo vamos a Grecia y nos termina seduciendo la Grecia Moderna que a veces no tiene tanto que ver, con la que a veces no hay una relación tan directa, pero… No sé si llamarlo Mediterráneo, que es algo muy difícil de definir, pero sí encontramos una sintonía, una manera de entender el tiempo, el disfrute del tiempo, el destino… Hay algo ahí que nos une a ellos de alguna manera.

SV – ¿Sigue existiendo la idea del destino en la Grecia moderna?

AL – Bueno, quizá… Es muy difícil… No la idea del destino como algo inapelable, ni nada de eso pero sí… Algo que nos diferencia de la manera protestante del norte de Europa. No sé, hay una idea general…También lo compartimos con Italia, la idea de la muerte es inapelable, vamos a gozar de la vida… También a reformular para nosotros las leyes, a no ser demasiados rígidos, a ser un poco compasivos con el prójimo y con nosotros mismos. Hay, quizás, una mayor flexibilidad al ser humano.

SV – ¿Cuánto tiempo te llevó organizar esta antología?                         

AL – Hay que decir que no es un trabajo al que pudiera dedicarme con toda la intensidad porque no era un trabajo profesional, no era un encargo. Fueron quizás dos, tres años añadiendo fragmentos, buscando… Buscaba ediciones, espigaba a ver qué seleccionar en La Odisea, qué no estuviera repetido… También tengo fragmentos traducidos que luego eliminé porque eran un poco reiterativos. Luego invertí otros dos o tres años más para traducir y terminar, y finalmente hay que sumarle otros dos años más en que estuvo “esperando” en la editorial… Al final en un proceso de traducción. Un libro de poemas me lleva alrededor de 5 años y en los de traducción puede que tarde más. Este tipo de antología y la de la poesía erótica llevan más, 6 o 7 años. También porque no quiero darme prisa, no tengo prisa…

SV – Claro, es un proceso que haces por gusto y te puedes permitir esa libertad.

AL – Sobre todo ocurrió que no me podía permitir la libertad de dedicarle más tiempo por culpa de las clases y los trabajos alimenticios, que es algo de lo que por desgracia ningún poeta se libra, ni ningún traductor de poesía. No se valora, no se puede vivir de esto ni remotamente, es una pena que quede como un capricho de los que decidimos hacer este tipo de trabajos…, la sociedad en absoluto lo pide. Una vez que está tampoco es un libro que se venda demasiado porque gusta, pero no tiene una promoción. Es muy complejo. La poesía, por desgracia, llega a poca gente, pero se trata de gente muy apasionada.

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Aurora Luque durante su presentación en la Librería Gil de Santander, acompañada de miembros de la Asociación Sociocultural Filohelena Periplo: el vicepresidente Joaquín Martínez Mollinedo, a su izquierda, y la secretaria Vicky Rouska, a su derecha.

SV – Y ya para acabar… Antes mencionaste la dificultad de dar con el título exacto para un libro y especialmente para un poemario, confesando que puede llegar a ser tan difícil como acabar un poema. ¿Cómo diste con este título tan sugerente?

AL – Probablemente porque estaba ahí el fantasma de Arquíloco, fue porque estaba ahí. Yo dialogo con los autores, para mí están vivos. Lo bueno que tiene la literatura es que los libros son voces vivas y Homero sigue hablando, y este poema de Teognis sigue contándonos la amargura de ese amante que habla con su amado. Esas voces siguen vivas para mí, son amigos; el que diga lo contrario, es que no ha leído bien. Usamos los libros como si fueran arqueología, hay voces que no te dicen nada, hay voces que están muertas para mí. Pero los que amo y releo son autores que siguen vivos, con independencia del siglo. ¿Por qué iba a leerlos si no fueran voces vivas que me dicen cosas que me guían y enseñan y con los que disfruto, conversando con ellos y ellos conmigo? Si no fuera así, la literatura no tendría sentido.

SV – Muchísimas gracias por esta entrevista. Ha sido un placer escucharte.


Esta entrevista ha sido realizada por Silvia Villanueva Santander.