El Día de las Escritoras es una interesante iniciativa que busca conmemorar el legado cultural de las escritoras del ámbito hispánico e hispanoamericano y recordar sus dificultades para ser justamente reconocidas en tiempos pasados. Este proyecto nació en 2016 con muchas ganas de adquirir continuación y se celebra el primer lunes siguiente a la festividad de Teresa de Jesús, que se conmemora el 15 de octubre. Está organizado por la Biblioteca Nacional de España (BNE), junto con la Federación Española de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias (FEDEPE) y la Asociación Clásicas y Modernas (CyM). Además, esta segunda edición cuenta con el apoyo de la Subdirección General del Libro, la Lectura y las Letras Españolas del MECD.

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El lema de este año para El Día de las Escritoras fue “Mujeres, saber y poder”, inspirado en el concepto de empoderamiento femenino. La celebración de este día por segundo año consecutivo consistió en la lectura a cargo de personas de reconocido prestigio cultural y social de 21 fragmentos de textos escritos por autoras españolas e hispanoamericanas. El original acto tuvo lugar ayer 16 de octubre a las 19.00 horas en el salón de actos de la Biblioteca Nacional y fue retransmitido en directo por la web.

Los textos seleccionados este año fueron escritos por autoras ya fallecidas que se expresaban en lengua hispánica, tales como Teresa de Jesús, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Carolina Coronado, Mercedes Cabello de Carbonera, Emilia Pardo Bazán, Victor Català (Caterina Albert), Juana de Ibarbourou, Elena Fortún, Teresa de la Parra, Maria Etxabe, Julia de Burgos, Alfonsina Storni, Dolores Medio, Rosario Castellanos, Mercè Rodoreda, Elena Soriano, Elena Garro, Begoña Caamaño, Carmen Martín Gaite, Gloria Fuertes e Isabel de Villena

Editatona_Vitoria-GasteizAdemás, el sábado 14 de octubre tuvo lugar la maratón de edición #DIADELASESCRITORAS, organizada por la propia Biblioteca Nacional de España y Wikimedia España, con la idea de hacer visible la figura, talento y herencia literaria de muchas escritoras del ámbito hispánico. Esta maratón, llamada “editatona”, consistió en una jornada de edición, creación y mejora de artículos en Wikipedia, desde una perspectiva de género, y sobre una temática determinada.

Por último, cabe destacar que el acto pretende ser una iniciativa a seguir e imitar por otras instituciones con el fin de reivindicar y reconocer la literatura escrita por mujeres, de manera que cualquier organismo puede solicitar los textos seleccionados para su lectura y organizar su propio homenaje.

A continuación, os dejamos dos de los fragmentos leídos en el día de ayer:

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TEXTO 17:

Gloria Fuertes (1917-1996). Poetisa y escritora española de literatura infantil y juvenil.

“En el tute de esta vida”, de Mujer de verso en pecho (1955).

En el tute de esta vida

yo ya canté “los cuarenta”

y hasta canté “los sesenta”

-que me canten los cantantes

por su cuenta.

En el juego de la vida

yo me aposté ser poeta

-que me canten los cantantes

por su cuenta.

En el juego del amor

yo perdí hasta la chaqueta

-que me canten los cantantes

por su cuenta.

Yo estoy con el pueblo llano

que su sudor pone en venta

-que le canten los cantantes

por su cuenta.

Los cantantes,

que cambien el ritmo

que cambien la letra,

que recordar no es volver a vivir

que recordar es volver a morir.

Que cambie el cantante

que cambie la orquesta.

Que canten al beso

que canten la risa

que cambien la letra.

 

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TEXTO 19:

Rosario Castellanos (1925-1974). Escritora y poetisa mejicana. 

“Lección de cocina”, de Álbum de familia (1971).

 

(…) Soy yo. ¿Pero quién soy yo? Tu esposa, claro. Y ese título basta para distinguirme de los recuerdos del pasado, de los proyectos para el porvenir. Llevo una marca de propiedad y no obstante me miras con desconfianza. No estoy tejiendo una red para prenderte. No soy una mantis religiosa. Te agradezco que creas en semejante hipótesis. Pero es falsa (…)

¿Es la alondra? ¿Es el ruiseñor? No, nuestro horario no va a regirse por tan aladas criaturas como las que avisaban el advenimiento de la aurora a Romeo y Julieta, sino por un estentóreo e inequívoco despertador. Y tú no bajarás al día por la escala de mis trenzas sino por los pasos de una querella minuciosa: se te ha desprendido un botón del saco, el pan está quemado, el café frío. Yo rumiaré, en silencio, mi rencor. Se me atribuyen las responsabilidades y las tareas de una criada para todo. He de mantener la casa impecable, la ropa lista, el ritmo de la alimentación infalible. Pero no se me paga ningún sueldo, no se me concede un día libre a la semana, no puedo cambiar de amo. Debo, por otra parte, contribuir al sostenimiento del hogar y he de desempeñar con eficacia un trabajo en el que el jefe exige, los compañeros conspiran y los subordinados odian. En mis ratos de ocio me transformo en una dama de sociedad que ofrece comidas y cenas a los amigos de su marido, que asiste a reuniones, que se abona a la ópera, que controla su peso, que renueva su guardarropa, que cuida la lozanía de su cutis, que se conserva atractiva, que está al tanto de los chismes, que se desvela y que madruga, que corre el riesgo mensual de la maternidad, que cree en las juntas nocturnas de ejecutivos, en los viajes de negocios y en la llegada de clientes imprevistos; que sufre alucinaciones olfativas cuando percibe la emanación de perfumes franceses en las camisas, en los pañuelos de su marido; que en sus noches solitarias se niega a pensar por qué o para qué tantos afanes y se prepara una bebida bien cargada y lee una novela policíaca con ese ánimo frágil de de todos los convalecientes.

¿No sería oportuno prender la estufa? Una lumbre muy baja para que se vaya calentando, poco a poco, el asador “que previamente ha de untarse con un poco de grasa para que la carne no se pegue”, dice la receta. Eso se me ocurre hasta a mí, no había necesidad de gastar en esas recomendaciones las páginas de un libro. Y yo, yo soy muy torpe. Ahora se llama torpeza; antes se llamaba inocencia y a ti te encantaba. Pero a mí no me ha encantado nunca. De soltera leía cosas a escondidas. Sudando de emoción y de vergüenza. Nunca me enteré de nada. Me latían las sienes, se me nublaban los ojos, se me contraían los músculos en un espasmo de náuseas. (…)

Silvia Villanueva Santander


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