Hace unos meses di a parar, a través de esa publicidad gratuita con la que Facebook nos colapsa el apartado de novedades, con un artículo que calculaba el índice de masa corporal de algunas famosas consideradas por el común de los mortales como sex symbols. Y, aunque la publicidad venía de una de esas muchas revistas de moda que nunca me he dignado a comprar, esta vez hice una excepción y leí el artículo por simple curiosidad, puesto que el tema tratado – la creciente delgadez de las mujeres – es una de mis preocupaciones más recurrentes (“está demasiado delgada” se ha convertido, ya, en una mis frases favoritas), aunque, claro está, con opiniones contrarias a las de una amplia mayoría, donde incluyo tanto a hombres como a mujeres.

Antes de analizar con detalle el artículo, será necesario clarificar algunos conceptos. El índice de masa corporal (IMC) es una medida que relaciona la estatura y el peso de una persona, cuyo resultado nos puede indicar si una persona es obesa (cuando su IMC es superior a 30), o bien si padece problemas de desnutrición (cuando su IMC es inferior a 18,5). El índice, que se calcula dividiendo los kilogramos de peso de una persona por el cuadrado de su estatura, ofrece un rango en el cual se considera que una persona tiene un peso ideal, cuando se encuentra entre los valores de 18,5 y 25. Si una persona tiene un índice con valores entre 25 y 30, se considera que tiene sobrepeso. A partir de 30, ya se considera obesidad. Y lo mismo ocurre, pero al revés, con valores bajos: por debajo de 18,5 se considera que una persona tiene bajo peso y, en valores menores a 16, delgadez severa. Este índice, aunque pueda presentar limitaciones, es uno de los recursos principales utilizados por la Organización Mundial de la Salud para calcular el estado nutricional de las personas.

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Pues bien, si partimos de que todo lo que esté por debajo de 18,5 es un peso insuficiente, tendríamos que aceptar, a partir del artículo del que os he hablado, que famosas como Cara Delevingne, Adriana Lima, Angelina Jolie, Blake Lively, Jennifer Aniston o Gwyneth Paltrow no son (o no deberían ser) las supuestas representantes de un cuerpo ideal, puesto que todas presentan IMCs menores a 18,5 y, en algunos casos, llegando incluso a una delgadez extrema, como ocurre con la modelo Alessandra Ambrosio. Y, sin embargo, pocas veces he oído comentar, con consternación, el bajo peso de estas famosas, más bien todo lo contrario: sus “curvas” son objeto de admiración continua. La pregunta es: exactamente, ¿de qué curvas estamos hablando?  

Cada vez son más los programas, series, películas o reality shows que ofrecen una imagen de la mujer muy por debajo del peso medio que se considera saludable desde la Organización Mundial de la Salud. La influencia de estos medios de comunicación es poderosísima, no digamos ya la de la publicidad. Podría realizar un artículo – incluso, toda una tesis – con ejemplos de anuncios que venden la idea de un cuerpo de mujer demasiado delgado como ideal de belleza femenina, pero me temo que me alargaría hasta el infinito, pues los ejemplos son, desgraciadamente, muy numerosos. Me voy a quedar, no obstante, con uno reciente y que me sirve para ilustrar la preocupación que comparto con vosotros en este artículo. El anuncio en cuestión es de Zara, del pasado mes de marzo. En él, se ve a dos chicas de veintipocos años mirando a la cámara de lado, y a su derecha el eslogan reza: “Love your curves” (“Ama tus curvas”). El problema, claro está, es que no encontramos sus curvas por ningún lado. El anuncio ha levantado ampollas, y es que parece ser (¡menos mal!) que no soy la única que no encuentra sus curvas. Periodistas, blogueros y mujeres en general han mostrado su indignación a través de las redes sociales, bien denunciando la gravedad del asunto o recurriendo al humor, con gifs en los que se muestra a una mujer utilizando una lupa y que dice estar “buscando las curvas”, o fotos de palillos chinos de los que también se ama “sus curvas”. Las más valientes se han atrevido a hacerse una foto similar a la del anuncio pero, eso sí, esta vez con curvas de verdad (podéis verla aquí, no tiene desperdicio).

Lo que me preocupa o, más bien, me indigna de esta creciente delgadez no es únicamente que se esté normalizando entre la población femenina, sino que se empieza a vender delgado como sinónimo de saludable. En el cine, en la televisión, podemos observar cómo las protagonistas femeninas, cada vez más delgadas y más artificiales, realizan una vida aparentemente normal, en la que combinan una supuesta alimentación adecuada con deporte y descanso. Las vemos, con sus brazos minúsculos y sus cinturas de avispa, meterse en papeles de protagonistas que se van de cena, se toman unas copas con las amigas o incluso atienden a clases de cocina. Todo ello manteniendo su delgadez, por supuesto. Muchas blogueras fitness y supuestas expertas en nutrición nos dan consejos para llevar una vida “saludable” y poder meternos, como ellas, en tallas XXS. Actrices y famosas muy por debajo de su peso ideal suben fotos a Instagram con sus comidas y dulces favoritos, aquellos que aseguran que aún siguen comiendo. El mensaje es claro y directo: si te cuidas y haces una dieta sana y equilibrada, podrás estar tan delgada como todos esos rostros que tanto ves en revistas y pantallas. Es tan fácil como eso. O, al menos, eso es lo que se quiere vender, porque la verdad es que de fácil y de cierto tiene muy poco.

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Isabelle caro, modeló que murió de anorexia en el 2010. Fotografía obtenida de Wikimedia Commons

Y es que, como bien dicen las matemáticas, el orden de los factores no altera el producto, y ni ser saludable implica estar delgado, ni desde luego estar delgado implica que seas una persona sana. Al lanzar este atroz mensaje a la población actual lo único que estamos consiguiendo es aumentar el nivel de frustración y de insatisfacción de muchas mujeres, que se miran a sí mismas al espejo con impotencia y se preguntan cómo cuidándose y haciendo una vida sana y normal como la que venden sus programas de televisión favoritos no tienen los mismos cuerpos que sus ídolos favoritos. Porque, en la realidad, fuera de las comedias románticas baratas y las series exitosas de Netflix, las mujeres muchas veces tenemos cuerpos desproporcionados. Algunas tienen celutitis; otras, grasa abdominal; otras tantas, algunos kilos de más. Pero en los culos de las protagonistas de las películas actuales no se aprecia ni la más mínima celulitis ni, de paso, ningún grano inoportuno (ya se encargan de borrarlo con Photoshop si es que lo hay), y en las barrigas lisas de las modelos no hay un gramo de grasa. Me pregunto cuál será la sorpresa para nuestros adolescentes de hoy en día, cuando se metan por primera vez en la cama con una mujer y estén esperando tocar esos cuerpos perfectos e imposibles de la pequeña y gran pantalla. ¿Se sentirán decepcionados? ¿Serán capaces de hacer, a su tierna edad, un ejercicio de pensamiento crítico y entender que la imagen del cuerpo perfecto que les han vendido es, muchas veces, insostenible? ¿Y qué hay de nuestras jóvenes? ¿Qué consecuencias tendrá sobre ellas esta enorme presión sobre sus cuerpos? Os puedo contar algunas que ya se están produciendo, y que son tan alarmantes como esperadas: en el año 2015, la Comunidad Valenciana publicó un estudio en el que se aseguraba que los casos de bulimia y anorexia habían aumentado en un 40% en tan solo dos años; por su parte, en todo el territorio español se han duplicado los casos de anorexia y quintuplicado los de bulimia en los últimos treinta años, produciéndose en un 7% de nuestros adolescentes; estas cifras son preocupantes, si recordamos que casi un 10% de las bulimias y anorexias resultan mortales. Asimismo, las redes sociales, como ocurre con tantas otras problemáticas, han dado rienda suelta a los deseos de muchas jóvenes, que son el 80% de los usuarios de estas páginas Pro- Ana (pro-anorexia) y Pro-Mía (pro-bulimia), la gran mayoría con edades comprendidas entre los 14 y los 16 años. Estas webs no dejan de crecer y se sabe que, por cada sitio que se cierra, se abren casi cinco nuevos al instante. Y es que, ¿cómo no ceder ante tanta presión?

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Las protagonistas de “Pretty Little Liars”. Fotografía de Disney, ABC Television Group, obtenida en flickr.

Hace unos meses se terminaba una exitosa serie entre adolescentes llamada Pretty Little Liars (Pequeñas mentirosas, en español). En esta serie cinco adolescentes guapísimas y, en su mayor parte, delgadísimas, se las apañaban para lucir sus cuerpos delgados y, aun así, aparecer frecuentemente tomando cafés, batidos y distintas comidas variadas. Es más, parte de la acción de la serie ocurría en un bar, lo que aumentaba el número de escenas en las cuales nuestras protagonistas consumían bebidas y alimentos. Pues bien, recientemente se ha sabido que tanto Lucy Hale como Troian Bellisario, dos de las cinco protagonistas, han sufrido desórdenes alimenticios. Lucy Hale ha llegado a confesar que podía pasar hasta varios días enteros sin comer nada sólido. Ashley Benson, otra de las protagonistas, que mide 1,62 cm y pesa 53 kilos, fue tachada de “gorda” hace unos meses en un casting para una película. Por su parte, Sasha Pieterse, que engordó considerablemente a lo largo de la serie debido a problemas hormonales, tuvo que soportar el ataque y mofa continuo a través de las redes sociales. ¿Sigo…?

Estamos vendiendo a nuestros jóvenes de hoy, personas que aún no han desarrollado su capacidad crítica al completo, no solo que se puede comer y estar muy delgada, sino que estar delgada es necesariamente un signo de salud, cuando vemos a través de numerosos ejemplos, los relatados aquí y otros muchos, que esa delgadez a menudo tiene un coste muy alto para la salud. Asimismo, comer y estar muy delgada es, casi siempre, una falacia, salvo en los casos excepcionales de personas con un metabolismo extraordinariamente rápido. Yo intento hacer una dieta sana y equilibrada y hago deporte tres veces a la semana, y os aseguro que me siguen sobrando unos cuantos kilos; Marilyn Monroe, icono sexual de los años 50 y 60, también se cuidaba, pero nunca estuvo demasiado delgada: usaba lo que hoy en día en España sería la talla 38, una de las tallas intermedias por excelencia.

No hay que ir al cine para ver el efecto de esta delgadez imposible en las mujeres, solo basta con salir a la calle. No sé vosotros, pero yo lo veo constantemente. Lo veo en adolescentes y no tan adolescentes, en mujeres treintañeras que se meten en dietas milagro, en amigas que cada vez están más delgadas y en otras que viven continuamente obsesionadas por su peso y amargadas por cada ingesta que realizan. Lo veo, también, en el modelo de mujer que gusta a los chicos en los bares, tan delgadas y tan perchas como las del anuncio de las curvas de Zara. Qué triste es pensar que, en un mundo donde cada día mueren 25 mil personas debido al hambre, otras tantas elijan voluntariamente (o no tan voluntariamente) dejar de consumir una dieta equilibrada y suficiente para su metabolismo, debido a las cada vez mayores presiones mediáticas. Un efecto más de la sociedad capitalista y patriarcal que sostenemos y reproducimos todos, hombres y mujeres, y que impide ver a muchos que hay tantos conceptos de sex symbol como cuerpos; hay tantos cuerpos sexys y variados como rostros, tipos de piel o de cabello, como color de ojos o talla de sujetador. Hay tantas bellezas como habitantes, y es que a veces nos olvidamos de que “la belleza está en los ojos del que mira”, y de que de gustos nada está escrito porque, ya se sabe, que “para gustos están los colores”. Habrá que limpiarse las gafas más a menudo, pues parece que últimamente solo vemos en un único color: el color de la industria.  

Cristina Pazos del Olmo


Fotografía principal de Janine, obtenida en flickr.

Fotografía de Angelina Jolie de 2014, obtenida en Wikimedia Commons.