Image3n 1Frank Ostaseski es un profesor budista y un experto y conferenciante internacional acerca de los cuidados paliativos y contemplativos en el final de la vida. Lleva más de 40 años trabajando con pacientes terminales. Desde entonces, ha fundado el primer hospicio budista en Estados Unidos (1987), el Instituto Metta para ofrecer programas educacionales basados en el cuidado compasivo y en la terapia mindfulness y ha participado en numerosas charlas, programas de televisión y como consultor para distintas ONGs y otras organizaciones.

Sus sabias e instructivas charlas le han llevado a ser honorado por el Dalai Lama por su trayectoria profesional en la asistencia a los enfermos terminales y a sus familias.

Una de las últimas aportaciones de Frank gira en torno a los distintos aprendizajes que ha obtenido después de varias décadas contemplando la muerte. O, más bien, las distintas invitaciones, como Frank prefiere llamarlas. Y es que, según él, la muerte nos enseña mucho. Lejos de ser abrumadora o absurda, es una llamada a la vida:

La observación de la muerte es un mensaje de afirmación de la vida. Cuando entramos en contacto con la precariedad que supone la vida, también empezamos a apreciar lo valiosa que es, y eso nos lleva a querer vivir de una manera más plena.

Frank resume en 5 grandes cuestiones las invitaciones para vivir una vida plena, honesta y llena de significado, 5 invitaciones para la vida que él ha sacado en claro justamente gracias a la contemplación de la muerte.

La primera de estas invitaciones puede sonar a slogan publicitario: “¡No esperes!”, pero es una frase tan tópica como cierta. La espera, nos dice Frank, está llena de expectativa, de unas expectativas que nunca sabremos con certeza si se cumplirán, y mientras esperamos a ese posible (pero incierto) futuro, nos estamos perdiendo este certero presente. Muchos de los pacientes de Frank se dieron cuenta meses, semanas, incluso días o momentos antes de morir de importantes verdades sobre su vida, de revelaciones acerca de lo que era realmente importante, de lo que hicieron o querrían haber hecho con sus vidas. Y esto, aunque profundamente revelador, no deja de ser triste, porque les faltó tiempo para aplicar esa sabiduría de última hora, porque sus revelaciones llegaron demasiado tarde. Todas las cosas pasan, todas las cosas cambian. Cuando aceptamos esa impermanencia es cuando podemos empezar a disfrutar de la vida. Esperar a que se cumplan las condiciones perfectas para que ocurra algo, esperar a más tarde, a después, es una actitud cómoda pero cobarde, es una causa constante de infelicidad. Siempre queremos que las condiciones sean las propicias, pero esas condiciones nunca se van a dar. El cambio es la condición básica en nuestras vidas. De hecho, aunque no seamos conscientes de ello, cada día nos apoyamos en ese cambio, en la impermanencia de las situaciones. Deseamos que termine un examen, que pase el tiempo para que llegue cierto momento importante, que la semana vuele para poder disfrutar del fin de semana. Valoramos más las flores de verdad que las de plástico, precisamente porque las primeras no van a permanecer, porque van a marchitarse. La caducidad de su vida, de nuestra vida, nos enseña a valorar la belleza de la misma. Y, si aceptamos esto, si aceptamos el cambio, puede que lo que antes pareciera una amenaza ahora se convierta en una oportunidad.

La segunda invitación de la muerte es “Da la bienvenida a todo. No rechaces nada”, aunque darle la bienvenida a todo no quiere decir necesariamente que nos guste lo que viene o que estemos de acuerdo, pero sí que está llamándonos a la puerta y tenemos que aceptarlo, dejarlo entrar y aprender la lección que nos quiera enseñar. Con esto Frank no sugiere que equivoquemos aceptación con resignación, que dejemos que nos pisoteen o nos traten mal. Lo que Frank quiere decir es que hay que estar abierto a las posibilidades. No podemos luchar con la realidad porque siempre saldremos perdiendo, pero sí podemos aceptarla y aprender de ella, tanto si es algo bueno como si es algo malo. Parafraseando al escritor James Baldwin:

No todo aquello a lo que le hacemos frente se puede cambiar. Pero no se puede cambiar nada a lo que no le hagamos frente.

Ser humano es mucho más que hacer dinero, formarse o tener hijos. Ser humano es una invitación para sentirlo todo, para entrar en contacto con lo bonito, lo horrible, lo raro, lo ordinario y lo extraordinario. Es una oportunidad para aceptar lo que viene. Hacer esto no es un acto de voluntad, sino un acto de amor.

La tercera invitación dice que “debemos traer todo nuestro ser a la experiencia”. Esto no quiere decir que busquemos nuestra perfección, que todo lo que ofrezcamos sea perfecto, pero sí que ninguna parte de nosotros se quede fuera. Seamos como seamos, estemos como estemos, debemos entregarnos en nuestra totalidad a la vida y a los demás. Frank compara esta invitación con las etiquetas de precio que encuentra en las tiendas de segunda mano, que rezan: “Vale X dólares, tal cual está”. Y, es que, según él, todos llevamos una etiqueta similar, todos debemos ser aceptados y debemos ofrecernos tal cual estamos. Estas fueron, de hecho, las palabras que utilizó en sus votos cuando se casó. No se trata de perfección, sino de plena entrega. Tal cual estemos.

Imag3en 1La cuarta invitación que nos hace la muerte es: “Encuentra un espacio para descansar en medio de los acontecimientos.” Siempre dejamos el descanso para después, para más tarde, para las vacaciones, para cuando terminemos todas las cosas de la lista. Pero la realidad es que esas cosas nunca terminan, esa lista es siempre interminable. Hay un lugar interior, un lugar dentro de nosotros donde encontramos tranquilidad, descanso. Hay que aprender a decir que no, a veces, a lo que no es importante, a lo que no es relevante, para poder descansar. Esta es otra lección que un paciente terminal le enseñó a Frank, pues saber decir que no a los demás fue quizás lo más importante que aprendió con la cercanía de la muerte. Frank nos anima a que nosotros aprendamos esta lección mucho antes.

Y, finalmente, la quinta es una invitación a “cultivar la mente del no saber”. Pero cultivar una mente que no sabe no es fomentar la ignorancia. Desgraciadamente, la ignorancia no es igual a no saber, sino que sabemos algo, pero eso que sabemos es erróneo. La mente que no sabe es otra cosa. Es una mente que se guía por la curiosidad, por el asombro, por la maravilla. Es una mente receptiva, preparada para cualquier cosa que venga, libre para descubrir. La mente que no sabe es una invitación para mirar la vida con ojos nuevos, volvernos íntimos con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea, abrazar con amor el mundo tal y como es. Las religiones hablan constantemente de lo sagrado. Pero conocer lo sagrado no tiene nada que ver con descubrir cosas nuevas, sino con ver las mismas cosas de una manera nueva. Lo sagrado no es nada diferente, sino que está oculto en todas las cosas, en las de siempre, y la muerte es una oportunidad para descubrir todo eso que está oculto.  

Frank termina su reconfortante charla con una pregunta para que todos reflexionemos. Plantea que, si la única certeza que tenemos es la de que todos nos vamos a morir, la de que todos aquellos seres queridos van a morir, la pregunta a hacernos a nosotros mismos es: si esto es así, entonces, ¿cómo queremos cuidarlos? ¿Cómo vamos a cuidarlos?

Puedes escuchar su conferencia completa en el siguiente link, así como descubrir más acerca de Frank Ostaseski en su página web.

Cristina Pazos del Olmo 


Fotografía  de Frank Ostaseski obtenida en mettainstitute.org