Para comprender el funcionamiento real del sistema matrilineal de la sociedad Minankabau nos planteamos profundizar en conceptos como tierra, residencia y herencia. Además, el análisis con cierto de estos conceptos nos acercará a la comprensión del fenómeno de las sociedad matriarcales o ginecocráticas.

rumahadat1El antropólogo japonés Tsuyoshi Kato nos aclaraba en su artículo Change and Continuity in the Minangkabau System que el adat (o ley de la costumbre) distinguía 2 tipos de riquezas ancestrales: harato pusako tinggi frente a harato pusako randah. La propiedad ancestral baja (harato pusako randah) podía ser adquirida por un miembro femenino conocido del linaje, y como resultado, este antecesor implicaba menos herederas que los miembros de los Land Holding Coorporation, segmentos genealógicos que constituyen linajes y que reciben el nombre de sa-buah paruik (matriz), empresas de dueños de la tierra en la terminología del antropólogo y lingüística Chadwick. Por otro lado, la alta riqueza ancestral es propiedad de la antecesora en el vértice de los dueños de la tierra y, en principio, todas las líneas genealógicas participan en esta distribución; especificando, todas las nietas. El reparto de la tierra atendería a la regla de las estirpes comentada en este mismo medio. Además, existe otra categoría de propiedad llamada harato pencarian, que es la propiedad adquirida por compra venta y es libremente dispuesta porque no forma parte del sistema matrilineal.

Ahora bien, aunque la mayoría de la tierra se traspasa por vía femenina, eso no quiere decir que la tierra no pueda ser vendida o heredada por un hombre; lo que significa es que un hombre no puede transmitirla a sus herederos. Por tanto, si un hombre posee tierras porque las ha heredado o comprado, tras su muerte serán los hijos de su hermana quiénes reciban esta herencia. De hecho existe una regla en el adat que explica cuándo un hombre puede heredar: “un hombre puede heredar las tierras siempre y cuando no sea en detrimento de su hermana por un período máximo de su tiempo de vida si tiene necesidad o es un jefe y necesita vivir en un estilo apropiado a su cargo”.

En cualquier caso, conviene señalar que realmente la herencia no se corresponde con la propiedad de las tierras sino con el derecho de hacer uso de ellas: es el Gaggam Bantuak; esto se explica por la filosofía naturista adat de amor a la naturaleza donde la tierra no tiene ningún dueño.

En cuanto a la residencia, ésta era tradicionalmente natolocal, es decir, que las personas permanecían en el hogar en que nacían, junto a su matrilinaje. Tras la boda el marido pasaba cada noche en la casa de su mujer, pero él seguía perteneciendo a la casa de su madre y es a ese lugar donde regresaba durante el día. Los niños vivían con sus madres hasta los 7 u 8 años, y después dormían en la mezquita a la vez que se instruían en el islam. El tío materno o hermano de la madre vivía con su linaje, es decir, con su hermana y su madre, y ejercía sobre sus sobrinos una fuerte autoridad.

Es importante para comprender cómo funciona la residencia en los Minangkabau conocer el tipo de casa donde viven y cómo toda la vida de las aldeas gira en torno a estas casas. La casa Gadang o Adat es una estructura rectangular de madera soportada por varios pilares de hierro, y tiene un tejado curvilíneo con forma de cuernos de búfalo (símbolo de la cultura Minangkabau). Los animales domésticos (pollos, patos) vivirían debajo del primer piso, y la casa en sí está claramente dividida en dos partes, la parte delantera, un espacio abierto con las siguientes funciones: salón, cuarto para niños e invitados y para el mamak o tío materno y hall para ceremonias y encuentros del linaje. La parte de atrás queda reservada para que los miembros femeninos del linaje reciban a sus maridos visitadores, estas habitaciones se llaman bilik, lo normal es que haya 7 en una casa gadang, y suelen medir 3 metros de ancho por 4 metros de largo. Es fundamental entender que la vida es comunal y gira en torno a esta estructura, de manera que los miembros de corporaciones dueñas de la tierra vivirían juntos, y reciben el gaggam bantuak, esto es, el derecho a usar las tierras ancestrales. Los habitantes de la casa son miembros del mismo matrilinaje y trabajan colectivamente las tierras, de forma rotativa, formando así una cooperativa.

COLLECTIE_TROPENMUSEUM_Groepsportret_van_een_Minangkabau_familie_TMnr_60041723

Lo cierto es que la natolocalidad exigía fuertes asentamientos, pero esto coincide con el hecho de que los Minangkabau no son nómadas sino que se dedican a la agricultura intensiva, principalmente de arroz y pimiento; exigiría asimismo abundancia de tierras y de hombres y mujeres que vivan cerca. Estas características se conjugaban a la perfección hasta el siglo XIX. Hoy en día la residencia es sobre todo matrilocal, es decir, el marido viviría con su esposa. Este cambio viene propiciado probablemente por causas ecológicas y sociales. Las primeras se identifican con el hecho de que en el XIX aumentó la población y proliferó el sistema económico basado en el dinero con la consolidación del control colonial holandés. Esto propició que las tierras comenzaran a escasear y a ser más deseadas, así que el marido empezó a residir en la casa de su mujer y ayudarle en los cultivos. En cuanto a los motivos o razones sociales, cabe apuntar la implantación definitiva del Islam tras varios siglos de tensión con el adat, la filosofía naturista de origen budista previa al islam. En el siglo XIX ambas filosofías acuerdan que son queridas y respetadas por Dios y desde entonces son una sociedad libre de violencia -en términos generales, claro-. Ahora bien, conviene aclarar que aunque el marido viva con su esposa la responsabilidad sobre los niños sigue siendo mínima para éste; los hijos le consideran un pariente político, casado con su madre, y en el caso de divorcio o muerte de la madre esta relación se debilitara aún más. Su responsabilidad es con el grupo de su madre, es decir, con los hijos de su hermana. El tío materno (mamak) es el responsable de los niños, y debía buscar un bilik o habitación para cada hija de su hermana en edad casadera, para que pudieran recibir así a sus maridos. El mamak vivirá sin embargo con este tipo de residencia posmarital matrilocal con su esposa, de lo que deducimos que en los nagari las casas han de estar cerca unas de otras, (se ha mantenido la estructura como en el pasado) pues el mamak sigue teniendo la autoridad sobre sus sobrinos por lo que debe de vivir cerca para visitarlos, así también se entiende que hay preferencia por la endogamia dentro de las aldeas. Al mamak se le concede además poder político como tungganai (líder cooperativa) o penghulu (líder subclan) y se espera que proteja y haga aumentar la riqueza matrilineal comunal, por lo que es él quien recibe el derecho a usar la tierra.

En conclusión, como hemos visto la residencia juega un papel un papel fundamental dentro del grupo de filiación unilineal de los Minangkabau. Pero ésta no es algo inmóvil, fijo y estático, sino que está expuesta a cambios que atienden a razones ecológicas y sociales. En cualquier caso tierra, residencia y herencia son conceptos indisolubles, inseparables y necesarios para comprender el funcionamiento de un grupo de filiación unilineal.

Sobre la cuestión del posible matriarcado de la sociedad Minankabau, antropólogos como Peggy Reeves Sanday sostienen que hasta el momento no se habían encontrado sociedades matriarcales porque la propia dicotomía patriarcal/matriarcal es una oposición impuesta desde el mundo occidental (eterno debate semántico y epistemológico de la antropología) .Pero la visión de esta autora americana- quien ha pasado 21 veranos y otras estancias sabáticas junto a los Minankabau- es que este grupo sirve para redefinir el concepto y ampliar las posibilidades y matices para concretar y detallar las relaciones de género. En la misma línea de pensamiento se encuentran antropólogas españolas como Ana Boyé. Sin atreverme a confirmar o rebatir el posible matriarcado de la sociedad Minangkabau, es evidente la situación de empoderamiento que tienen las mujeres de esta sociedad frente a otras. Principalmente – y aquí coincido con la visión de la célebre antropóloga -, nos encontramos con una sociedad donde mujeres y hombres funcionan como socios de una cooperativa cuyo pilar central es la casa adat y todos mantienen una relación de fuerte fidelidad hacia “su casa” (su matrilinaje) por encima de los vínculos maritales y de su propio interés individual. Sin embargo, no podemos negar que aunque las mujeres posean tierras y casas y todos actúen como miembros de esta cooperativa, a los hombres se les concede poder político a partir de la figura del tío materno (mamak) , quien además mantiene la responsabilidad y autoridad respecto a sus sobrinos, así que parte del concepto de matriarcado podría ser puesto en entredicho.

Silvia Villanueva Santander


Fotografías obtenidas en Wikimedia Commons