Cézanne et moi (Cézanne et moi, 2015) es una magnífica película de casi dos horas difícil de encasillar a nivel temático. Sí que creo que sea una película recomendable, aunque tiene mucho que ver con el gusto del espectador y con su estado de ánimo, porque la película es lenta y tiene pocas pretensiones, pero sin embargo uno sale del cine con un magnífico sabor de boca. Si ya conoces a sus protagonistas quieres saber más de ellos, profundizar en su biografía y obra. Y si no les conoces sales probablemente con la misma sensación, que no es poco.

Por eso que sus protagonistas hablan ya por sí mismos de este filme y tienen mucho que decir con su propia historia de vida. La vida del escritor naturalista Émile Zola y del pintor posimpresionista Paul Cézanne coinciden en ese terreno que es la infancia a la que siempre uno regresa, y es que los artistas se conocerán en una escuela de la Provenza en la que ambos estudian. Sus caminos siguen unidos a lo largo del tiempo: en París, donde ambos ejercen su labor profesional y, de forma indirecta, a través del matrimonio de Zola con la que era novia y amante de Cézanne, aunque este no la llegase nunca a amar – o la mal amase, mejor dicho -.

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El escritor francés Émile Zola. Fotografía obtenida en flickr, de Renaud Camus

Quien dijera aquello de que “la belleza es un estado de ánimo” y fuese el máximo representante del naturalismo en Francia – una corriente artística y literaria pero también con un fuerte componente político y social que pretende reflejar la realidad tal y como es, en sus aspectos gloriosos y sublimes pero también en lo feo, desagradable y grotesco -, se nos muestra como el personaje más sensato y sereno de este peculiar binomio. Pero, también, apasionado y contradictorio en muchas de sus vivencias y expresiones artísticas y vitales, puesto que con los años y la madurez se valdrá de la burguesía a la que tanto había atacado de joven para dar su gran salto a la literatura y pareció dejar de tener sentido esa frase pronunciada: “Tuvo entonces la brusca convicción de que el dinero constituía el estiércol en medio del cual surgía aquella humanidad del mañana”. La base filosófica que subyace al naturalismo, esto es, el determinismo, explicaba que el lugar donde uno nace, el ambiente económico, social y ecológico donde uno se ubica condiciona su camino y sus expectativas vitales, pero sobretodo condiciona su punto de llegada, de manera que el camino de Zola hacia el éxito estaba de alguna forma ya trazado por su propia traición a sus ideales de juventud. Y no será la única, traicionó a su mejor amigo al enamorarse y robarle a su novia Gabrielle y en los últimos años de su vida, traicionaría sin querer a ésta, a pesar de ser su gran amor, puesto que se enamoraría perdidamente de una huérfana 27 años menor que convivía con el matrimonio.

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Cuadro del impresionista Cézanne. Fotografía obtenida en Wikipedia.

Por otro lado, Cézanne, que viene de una familia acomodada y por tanto, tiene la libertad de elegir otro camino, de no tener que trabajar por dinero, de que el éxito o fracaso no marque la trayectoria de su obra, es el otro protagonista de esta carismática película. Quien dijera eso de que “el genio es la capacidad de renovar las propias emociones en la experiencia diaria” se nos muestra como un personaje desequilibrado y egoísta, loco de tanto mirarse a sí mismo y perder la lúcida mirada sobre la realidad. Es la contradicción de quien no está en deuda con esa realidad a la que trata de pintar o retratar… Precisamente su obra será el sol y luna en torno al cual gire su vida, será la fuente insaciable de sus propios demonios: vida apasionada, desgarrada, tormentosa, conflictiva y suicida de alguna manera, porque Cézanne no paraba de atentar contra sí mismo, además de arremeter su propia frustración y desencanto contra la sociedad que le rodea. Cézanne no ama a mujeres reales, ama aquello que retrata, que permanece en el lienzo y traspasa la realidad. Su personalidad egocéntrica trasciende un concepto simplista de egoísmo, de ahí que el artista termine cada día más solo pese a llegar a tener un hijo, con la compañía de la naturaleza y sus propios demonios. Morirá solo y, a diferencia de Zola, sin haber sido reconocido en vida porque, como sucede a menudo en el arte y la literatura, solo el postmortem le concedió la gracia de la fama.

¿Cómo definir esta película? ¿Cuáles son sus pretensiones? Probablemente sean explorar y describir – si es que se puede – la historia de una amistad, de una camaradería a lo largo del tiempo, del aprecio, fraternidad y compañerismo de dos personajes singulares, de dos artistas, de miedos, ambiciones y fracasos. Muy recomendable para pasar un buen rato con un magnífico paisaje y fotografía en la campiña francesa.

Silvia Villanueva Santander