La memoria es la capacidad del Sistema Nervioso Central de organizar, evocar y reconocer eventos de nuestro pasado, así como de asimilar nuevos eventos. De esta manera, podemos evocar la mayoría de nuestros eventos por su contexto, sus vinculaciones semánticas o cognitivas. La memoria está formada por distintos sistemas que están relacionados entre sí, ya que el resultado final depende de todos ellos.

 Existen varias formas de clasificar los recuerdos. Una de ellas sería dividir la memoria en episódica, semántica o procedimental. La memoria episódica se refiere a una experiencia personal, algo que nos ha ocurrido en un espacio y tiempo determinado (por ejemplo, nos acordamos de que ayer tuvimos examen). La memoria semántica contiene recuerdos llamados “conocimientos”, ya que, gracias a ella, sabemos lo que es un examen o podemos recordar los contenidos del mismo si hemos estudiado. Por último, la memoria procedimental se pone de manifiesto al realizar una acción (tocar un instrumento, pintar) y tiene que ver con las habilidades que tenemos para hacer cosas.

Otro modo de diferenciar a los recuerdos es según la conciencia que tengamos de ellos. Normalmente, nuestras manifestaciones de la memoria son explícitas o conscientes, como puede ser recordar lo que hemos hecho el día anterior o saber dónde pusimos el reloj. Pero, también, hay otras manifestaciones de las que no somos conscientes: las implícitas.

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Esquema de la memoria a largo plazo.

Se considera a la memoria un mecanismo con múltiples sistemas. Para diferenciar estos sistemas, se ha recurrido a varias maneras. Una de ellas, la más clásica, diferencia entre memoria a corto plazo y memoria a largo plazo. En la memoria a corto plazo o memoria operativa, el sujeto trabaja mentalmente y de forma consciente. En la memoria a largo plazo está todo nuestro conocimiento acerca del mundo y de nuestras experiencias. Squire y Zola-Morgan (1991) realizaron una clasificación de la memoria a largo plazo. Según ellos, ésta se divide en memoria declarativa (o explícita) y memoria no declarativa (o implícita). La memoria declarativa incluye hechos y acontecimientos, que son recordados de forma consciente o explícita. Por otra parte, la memoria no declarativa abarca destrezas, hábitos, el condicionamiento clásico, el aprendizaje no asociativo y el fenómeno del priming, todo ello implícito.

El déficit de memoria en pacientes con la enfermedad de Alzheimer (EA) es parecido, muchas veces, al que se da en el envejecimiento normal. Los pacientes con EA tienen dificultades en la codificación y adquisición de información nueva, lo que conlleva un déficit de memoria episódica y de memoria operativa. Además, se observa una disfunción en la memoria semántica. En cuanto a la memoria implícita, esta se conserva. Por último, olvidan con más rapidez los recuerdos más recientes que el pasado lejano. Todo esto se debe a las lesiones en el área temporo-parietal. La EA se compara siempre con el envejecimiento normal para comprobar si los déficits de memoria son los normales para la edad o si son cualitativamente distintos.

La enfermedad de Alzheimer es la causa más frecuente de demencia. La demencia hace mención a la alteración adquirida (se da cuando las capacidades ya han sido formadas) y prolongada (no es puntual) de varias funciones cognitivas que dificulta las tareas habituales en gran medida (dependiendo de la gravedad de la demencia).

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Comparación del aspecto de un cerebro sano frente a un cerebro con Alzheimer.

La enfermedad de Alzheimer es una enfermedad degenerativa del cerebro que afecta especialmente a las áreas asociativas corticales y parte del sistema límbico. Se suele dar en una edad avanzada (a partir de los 65 años). La confirmación de la enfermedad se consigue gracias a técnicas como la resonancia magnética o el PET y SPECT.

Se han asociado varios factores de riesgo a esta enfermedad: la edad (suele afectar a mayores entre 65 y 80 años), el sexo (las mujeres lo padecen con más frecuencia, probablemente porque viven más tiempo), la herencia familiar (un 40% de los pacientes con Alzheimer tienen antecedentes familiares), factor genético (mutaciones en el gen de la proteína precursora de amiloide (APP), o en el de las presenilinas 1 y 2) y factores ambientales (el tabaco o las grasas pueden influir al desarrollo de la enfermedad).

Una persona que padezca la enfermedad de Alzheimer experimenta cambios microscópicos en el tejido de algunas partes del cerebro, así como una pérdida progresiva de una sustancia vital para el funcionamiento cerebral: la acetilcolina. Esta sustancia permite que las células nerviosas se comuniquen entre ellas y está implicada en actividades mentales vinculadas con la memoria,  el aprendizaje y el pensamiento.

La enfermedad de Alzheimer pasa por varios estados: preclínico (años antes de desarrollarse empiezan algunos síntomas), la fase de demencia leve (olvida pequeñas cosas, puede hacer una vida más o menos normal), fase de demencia moderada (la enfermedad resulta evidente tanto para los familiares como para el paciente; no puede realizar acciones habituales como hacer la compra; muestra pérdida de memoria, razonamiento y comprensión; avanza muy rápido)  y, por último, la fase de demencia grave (todas las áreas cognitivas están afectadas; pierde la capacidad para hablar correctamente; no reconoce a familiares ni amigos; los casos más graves se olvidan de andar, de comer…).

El tratamiento para esta enfermedad puede ser de dos tipos: con estrategias farmacológicas y/o con estrategias no farmacológicas. El tratamiento farmacológico puede ser sólo preventivo –para el que se recomienda la Vitamina E y la Selegilina- o sintomático –para el cual se da Donepezil, Rivastigmina y Galantamina-. Las estrategias no farmacológicas se refieren a modificaciones ambientales en el contexto del paciente, asesoramiento y apoyo al familiar y al cuidador, centros diurnos donde le traten con profesionalidad y estimulación cognitiva, para evitar que vaya a más.

Desgraciadamente, hoy por hoy no contamos con medicaciones que puedan curar los efectos de esta enfermedad, por lo que una apuesta por la investigación clínica se hace imperante. 

Cristina Pazos del Olmo


Fotografía principal obtenida en Max Pixel. Resto de fotografías obtenidas en Wikimedia Commons.