Siempre he pensado que el teatro se distingue principalmente de los otros dos grandes géneros, la lírica y la narrativa, por esa doble dimensión que le caracteriza y le obliga al tiempo, por ser texto y espectáculo, por ser escrito principalmente para ser representado, lo que le convierte sin ninguna duda en una fuente de saber sociológico e histórico importantísima.  Por otro lado… ¿Qué es eso de la identidad nacional? Quizá se pueda definir como la identidad basada en un concepto de nación, pero entonces nos encontramos con otro escollo… ¿Qué es eso de la nación? Múltiples páginas y libros se podrían dedicar al tema, difícil de acotar por todas las connotaciones históricas, políticas y culturales que rodean al término. Hagen Schulze afirmaba en su obra Estado y Nación (1997) que las “esferas del Estado y la cultura se fecundan mutuamente para engendrar naciones”. Potente frase que probaremos a justificar a partir del análisis comparativo (y sintético) de un caso concreto: el recorrido paralelo que realizaron el teatro español e inglés con dos genios a la cabeza, Shakespeare y Lope de Vega, a finales del siglo XVI.

teatroinglésEspaña e Inglaterra, los eternos enemigos, países enfrentados durante más de dos siglos – desde 1588 con la Armada Invencible de Felipe II  hasta la Batalla de Trafalgar  en 1805 -han coincidido también en varios aspectos de la historia y la cultura, como por ejemplo la colonización y la literatura, sobre todo en el campo de la literatura dramática. Ambos países coinciden asombrosamente en la creación en la misma época de las producciones teatrales más valiosas de las letras modernas y fueron los primeros que hicieron renacer en Europa el espíritu del teatro antiguo. También fueron los primeros en olvidarse  de prejuicios aristocráticos y refinamientos literarios, confiándose por entero al gusto popular, creando así un espectáculo de masas, socialmente arraigado, muy poético , vital y expresivo sobre el cual se asientan las bases del teatro moderno. El Romanticismo alemán lo vio claro y sintió una profunda admiración por ambos teatros. La historia de la historia nos prueba que nada es casual, y probablemente dicha coincidencia se explica o, mejor dicho, se entiende desde la identidad nacional de esta época.

Para empezar, deberíamos tener en cuenta que los dramas históricos ingleses, nacidos con el inicio de la dinastía Tudor, eran perfectos instrumentos de la propaganda oficial destinados a divulgar entre el pueblo la legitimación de la monarquía, esto es, la dinastía, pero se volvieron extraordinariamente populares gracias a su mezcla de hechos históricos, crímenes, amor y humorismo mordaz. Cuando Shakespeare, en 1580, llevó al escenario sus primeros dramas históricos, el género era ya popular desde hacía mucho tiempo. Su mensaje de la isla de la paz, el segundo edén, amenazado permanentemente por enemigos exteriores y perturbadores internos, por lo que necesita una corona fuerte, reflejaba ya entonces una conciencia nacional popular. Por su parte, Lope, ese monstruo de la naturaleza, vuelve en sus obras a ese pasado glorioso español de los Reyes Católicos, porque en épocas de decadencia del Imperio era necesario darles a los españoles seguridad y confianza, y recordarles lo que ya habían sido y necesitaban recobrar. 

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¿Pero de dónde viene esa identidad cultural, esa conciencia que compartían ambos países y que favoreció culturalmente la aparición de ambos teatros? Pues como ocurre en batallas más épicas y recordadas, el fenómeno procede de varios frentes. Por un  lado está la religión, !probablemente uno de los aspectos más profundos y perdurables en el sentimiento nacional inglés”, como decía Schulze, un inglés de la época isabelina que se siente protestante tanto como inglés, y lo mismo podríamos decir para un español desde la expulsión (u obligada reconversión)  de los judíos y musulmanes durante el reinado de los Reyes Católicos. Por otro lado está la lengua, de hecho, ambas literaturas se escriben en lenguas vernáculas. En Inglaterra  la Guerra de los Cien Años, por un lado, y la Reforma Luterana, por otro, aceleraron la expansión del inglés y contribuyeron al despegue definitivo respecto del francés, lo que pone de manifiesto que muchas veces la lengua está relacionada con la unidad de confesión, de ahí que no sea casualidad que en la literatura de la Era isabelina se destaque el orgullo por la lengua nacional como vínculo especial de la comunidad inglesa. Junto a lengua y religión se encuentra también la conciencia de origen común, de los sacrificios ofrecidos conjuntamente y las grandes hazañas realizadas en común que han constituido la nación inglesa y española, lo que explica que la historiografía inglesa y española alcanzaran nuevos impulsos en el Renacimiento.

Pero, además, el teatro tenía un valor cohesionador en sí mismo puesto que por primera vez todos los estamentos compartían espacio y, en el caso inglés, sitio; el teatro les hablaba a todos de la misma manera, es un arte que los iguala, les contaba lo mismo a todos los súbditos de la nación o, mejor dicho, a todos los concentrados en los núcleos urbanos donde se asienta el teatro como lugar fijo de representación. De alguna forma, la permeabilidad social en el caso inglés contribuyó a la conciencia nacional. Esta permeabilidad entre la alta nobleza, la nobleza rural y la burguesía urbana resulta especialmente  visible en el teatro, cuya forma circular permitía que el público se sentara sin lugar prefijado y donde sólo había separación de sexos. Y la menor permeabilidad social en España, debido en parte a que en el caso español los nobles tenían más privilegios, se refleja también en la forma rectangular del corral, donde cada estamento se sentaba de forma prefijada y rigurosa. Además, las compañías nos reflejan que la sociedad inglesa era en realidad mucho más puritana que la española porque, por ejemplo, las mujeres no podían actuar y esto era algo marcado por ley, frente al teatro español, en donde las mujeres solían actuar e incluso tuvo mucho éxito que a veces se les vistiese de hombres, es decir, el cambio de roles.

LopedeVega

Por otro lado, en toda Europa, con el crecimiento de las ciudades, surgen demandas de entretenimiento y esto es importante porque en Inglaterra y España será el vulgo quien fije el gusto del teatro, como ya dijo Lope en su Arte nuevo de hacer comedia. En Francia e Italia, por cuestiones políticas, se mantiene de forma tajante el gusto clásico, lo que imposibilitó el natural florecimiento de la escena y, en este sentido, ahogó su desarrollo. En cualquier caso, creo que es interesante considerar cómo uno y otro teatro se configuran e instauran en la sociedad para la que se escriben al mismo tiempo, gracias a la existencia de unas condiciones escénicas y sociológicas paralelas que hacen posible que aparezcan Shakespeare y Lope, es decir, que favorecen la aparición del teatro nacional en uno y otro país. En ambos casos observamos una situación similar, sobre una infraestructura teatral muy precaria se fue cimentando una creación dramática de cierto relieve. Lope y Shakespeare fundan una estética, una nueva forma de hacer teatro con el actor y la palabra como base fundamental de la representación, coincidiendo temporalmente con el establecimiento de los teatros, de un espacio estable y determinado en que tienen lugar las obras.

Todo lo aquí resumidamente expuesto se relaciona con una evidencia simple en su formulación y compleja en su explicación, y es que la cultura – y eso incluye literatura y el teatro – es siempre un soporte para la defensa y legitimación de todo lo político.

Silvia Villanueva Santander


Fotografía principal obtenida en Flickr, de Pablo Sanchez, del Corral de Comedias de Almagro.

Fotografías de Lope de Vega y William Shakespeare obtenidas en Wikimedia Commons.