Ya han pasado tres cuartos de siglo desde que conocimos a Rick y a Ilsa, desde que nos despedimos de ellos en aquel brumoso aeropuerto en Marruecos y desde que Sam nos tocó su melancólica As time goes by por última vez. Y es que Casablanca fue estrenada a finales del año 1942, hace ya 75 años, cuando a la Segunda Guerra Mundial aún le quedaban varios años para tocar a su fin.

Wikimedia CommonsLa película, dirigida por el húngaro Michael Curtiz, nos cuenta la historia de amor imposible entre Rick Blaine (Humphrey Bogart) e Ilsa Lund (Ingrid Bergman). Rick es un tipo duro y cínico que regenta un bar en la ciudad marroquí de Casablanca, que en esos momentos se encuentra bajo el control del gobierno de Vichy tras el armisticio firmado con la Alemania de Hitler. Aunque Rick presume de tener un corazón de hielo y de no posicionarse políticamente con unos ni con otros, su coraza se vendrá abajo cuando Ilsa Lund, la mujer que le partió el corazón años antes en París, entre en su famoso Rick´s Café acompañada nada más y nada menos que de su marido, Victor Laszlo (Paul Henreid), uno de los líderes de la resistencia checa frente a los nazis y, por ende, uno de los hombres más perseguidos del momento por la Gestapo. El matrimonio busca desesperadamente dos visados para poder huir a Estados Unidos y, casualidades de la vida, Rick cuenta precisamente con dos salvoconductos que le fueron entregados por un criminal de poca monta (Ugarte) poco antes de morir a manos de la policía corrupta del gobierno de Vichy. Pronto los sentimientos dormidos de Rick e Ilsa saldrán a la luz, algo evidente hasta para el propio Victor Laszlo que, en un arranque de valentía, le pedirá a Rick que la salve al menos a ella, que huya con ella a América, incluso aunque eso suponga su propia condena en Casablanca. Ilsa, por su parte, que se siente responsable de la suerte de Victor, le pedirá a Rick justo lo contrario: no le importa su propio destino, solamente la salvación de Victor. Esto deja a Rick en una difícil posición cuya resolución bien conocemos todos a estas alturas: finalmente será el matrimonio quien suba a ese avión, quedándose Rick en tierra y con el corazón, una vez más, roto. Pero la visita de Ilsa no ha sido en balde, pues habrá ayudado a que Rick abandone su actitud insolente y poco comprometida y a que se plantee, incluso, unirse a la lucha en la Francia Libre en Brazzaville (República del Congo). Hasta el capitán Renault (Claude Rains), más criminal que los propios criminales, nos muestra su cara más amable cuando deja que el matrimonio huya de los nazis. El final de la historia ya todos lo sabemos: tras el despegue del avión, Renault y Rick se alejan del aeropuerto de Casablanca envueltos entre brumas y neblinas, en lo que a todas luces es el comienzo de una gran amistad.

Wikimedia ComNo es esta la única frase célebre que nos ha dejado la película, puesto que son muchas las expresiones y las citas que han quedado grabadas en la memoria colectiva, incluso siendo utilizadas a veces por personas que desconocen de dónde proceden: “Tócala otra vez, Sam”, “Esta va por ti, muñeca” pero, sobre todo, el clásico “Siempre nos quedará París” son frases que están constantemente en boca de todo el mundo.  

La película Casablacanca, a pesar de las dificultades que tuvo con distintas censuras, entre ellas, la de Franco, (tengamos en cuenta que fue estrenada cuando Europa era aún un polvorín), fue todo un éxito de pantalla, siendo nominada a ocho Óscars, de los cuales se ganaron el Óscar a la mejor película, el Óscar al mejor director y el Óscar al mejor guion adaptado. Y aunque la película también es un drama histórico y político y una crítica al Tercer Reich y a la posición de aliados de los franceses, Casablanca es, ante todo, una historia de amor. Tanto es así que el final de la película no fue escrito hasta el último momento… literalmente. Días antes del rodaje de la última escena, ni los propios directores ni los actores conocían lo que iba a pasar con este singular trío amoroso. De hecho, se barajaron varios finales distintos hasta que finalmente se decidieron por el que todos conocemos hoy en día que es, probablemente, el final más acertado, teniendo en cuenta la buena acogida del público.

WikimedY esto, ¿por qué es así? ¿Qué tienen las historias de amores imposibles que enganchan tanto? Está claro que hay algo especial en los finales truncados, en las historias que nos dejan con el “y si” en la boca. Hay algo mágico en lo que pudo ser y nunca será, pues nada es más intenso que lo que no pudo ser, nada es más romántico que todas las fantasías insatisfechas, nada es más potente que las proyecciones que nunca se materializan. Bueno, sí que lo hay, y son 75 años de revivir esas fantasías insatisfechas, ese quisimos pero no pudimos, esas proyecciones inmaterializadas. Y es que siempre podremos volver a visionar la película una vez más, volver a estremecernos cuando Rick e Ilsa se vuelven a reencontrar, a apasionarnos con el beso hollywoodiense entre Ilsa y Rick en su habitación, a emocionarnos al cantar la Marsellesa cuando Laszlo solicita a la orquesta que la toque, a tararear con Sam al ritmo de As time goes by, a entristecernos con Rick cuando es abandonado en aquella caótica y lluviosa estación en París e, incluso, a reírnos de la enorme falta de escrúpulos del capitán Renault. Y aunque no tuviéramos nuestro final feliz, y aunque tampoco contáramos con una segunda parte que se rumoreó durante años pero que nunca llegó a producirse, no pasa nada, porque, ya se sabe que… siempre nos quedará París.

Cristina Pazos del Olmo


Fotografía principal obtenida en Flickr, de Yune Yarham.

Resto de fotografías obtenidas en Wikimedia Commons.