Título: Castellio contra Calvino. Conciencia contra violencia. (Título original: Castellio gegen Calvin)

Autor: Stefan Zweig

Género: Ensayo

Año publicación:1936

Editorial: El Acantilado

Páginas: 252


Castellio contra Calvino es uno de esos libros de obligada lectura por lo impecable de su prosa, por su narrativa absorbente y, en especial, por su moralizante mensaje: la lucha de la palabra contra la violencia, la disputa entre tolerancia y prejuicio, el poder de la razón frente al fanatismo; poder que, desgraciadamente, sigue teniendo las de perder hoy en día, y es que, quizás, lo más destacado de este libro sea que, si bien nos relata acontecimientos que sucedieron hace casi cinco siglos, sus lecciones siguen siendo aplicables en la actualidad – para desgracia y vergüenza de todos -.

9788495359568 copiaEl austriaco Zweig nos narra con precisión enciclopédica el enfrentamiento ocurrido en pleno siglo XVI entre Sebastian Castellio – un humanista y defensor de la libertad de expresión y de la libertad, a secas – y Juan Calvino – uno de los padres de la Reforma Protestante, símbolo del fanatismo y la opresión -. El tercer personaje clave de esta obra, a caballo entre el ensayo y la novela histórica, es Miguel Servet, que es la figura en torno a la cual gira todo el libro. Servet, médico y teólogo, desafió el concepto cristiano de la Trinidad – Dios como único ser con tres existencias distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo -. A Servet, tan pretencioso como ingenuo, no se le ocurrió mejor idea que compartir sus reservas religiosas con Calvino, un tirano que se hizo con el control religioso y político de la ciudad de Ginebra. Servet, que buscaba apoyo moral en él, se encontró con que el teólogo le iba a acusar poco menos que de herejía, ya que la intolerancia religiosa de Calvino, que en otros tiempos había mostrado esas mismas dudas acerca de la Trinidad, había ascendido, en su segunda mitad de vida, a cuotas tan altas que no permitía interpretación, duda o libertad de expresión alguna en referencia a los postulados protestantes. Servet, entonces, tuvo que publicar sus ideas bajo un nombre falso, con la esperanza de que el poder ilimitado de Calvino no le alcanzara. Pero Calvino, cuya influencia y maldad no conocían frontera, acabó identificando a Servet como autor del manuscrito que previamente había condenado de delito y de herejía, siendo el castigo para el mismo la hoguera. Servet fue capturado y quemado en la hoguera, no sin antes haber recibido todo tipo de torturas.

SebastianCastellioEs aquí donde entra en escena Sebastian Castellio, un humanista de educación privilegiada que defiende la razón y la tolerancia por encima de todas las cosas. Al conocer lo sucedido al pobre Servet, Castellio estallará contra la figura de Calvino a través de un libro cuyo título no deja lugar a dudas – Contra la difamación de Calvino -, en el que denunciará el proceso contra Miguel Servet y la falacia de los hechos por los que se le condenó. Su libro es un canto a la libertad de pensamiento y de expresión y una acusación muy clara contra las políticas calvinistas, a quienes responsabiliza de la muerte de Servet que, para él, ha sido, a todas luces, un asesinato:

Matar a un hombre no será nunca defender una doctrina, será siempre matar a un hombre.

Desgraciadamente, la influencia de Calvino también se hizo sobre este libro, que no pudo ver la luz hasta mucho después de la muerte del autor, muerte que, muy seguramente, habría terminado de manera similar a la de su colega Servet si no hubiera sido tan prematura, quizás debida a las malas condiciones de vida – pobreza, malnutrición, destierro – a las que su lucha abierta contra Calvino le habían llevado.

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¿Quién fue, por lo tanto, el vencedor en esta lucha? Desgraciadamente, no cabe duda alguna de que fue Calvino (retrato a la derecha), de que fue el totalitarismo, la violencia, la sinrazón, al menos hace cinco siglos. ¿Qué era, entonces, lo que buscaba Zweig con esta novela de finales tremendistas? Probablemente, buscaba zarandear la Europa de su época, despertar la conciencia de sus conciudadanos atemorizados y evitar una 2ª Guerra Mundial que, en última instancia, terminó por suceder: cabe mencionar que Zweig pertenecía a una familia judía. Es muy probable que el autor pensara en la victoria de Hitler y del nazismo de su época con el paralelismo de Castellio y Calvino al redactar líneas como las siguientes:

Allí donde un hombre o un pueblo están poseídos por el fanatismo de una única ideología, nunca hay espacio para el entendimiento y la tolerancia.

Y, aunque la derrota fuera para Castellio, tanto en el siglo XVI como para todos los Castellios de la 2ª Guerra Mundial, lo que Zweig trata de lanzarnos es un mensaje de esperanza, un mensaje de victoria, una que no se produce inmediatamente, pero sí a largo plazo: es la victoria de la razón, del intelecto, del heroísmo, de la conciencia. Es la victoria del humanismo frente a la barbarie, de la libertad frente a la dictadura, frente a las dictaduras, tantas y vestidas con ropas tan distintas, que aún gobiernan nuestro mundo. Es un mensaje, en última instancia, de lucha, de valentía, pues como bien dice el ensayista:

Siempre habrá algún Castellio que se alce contra cualquier Calvino, defendiendo la indepedencia soberana de la opinión, frente a toda violencia ejercida desde el poder.

Sobre el autor

Stefan_Zweig_1900_cropped Stefan Zweig (1881-1942) fue un ensayista, novelista, periodista, dramaturgo, biógrafo y activista social austríaco judío que escribió, sobre todo, en tono crítico hacia las dos Guerras Mundiales. Sus novelas fueron muy populares en la década de los 20, en especial, María Estuardo y Fouché, e incluso alguna fue adaptada al cine, como fue el caso de su biografía de María Antonieta.

Sin embargo, su fama pronto jugó en su contra, ya que tuvo que exiliarse de Europa con el avance de las tropas de Hitler. Después de residir en varios lugares de Estados Unidos, donde nunca consiguió integrarse del todo, acabó sus días en Brasil, donde terminaría suicidándose a los 60 años. En sus últimas novelas, ya todas ensayos, Zweig renegaba de la Europa consumida por la guerra y los totalitarismos y ponía la esperanza en Brasil, en la que veía la posibilidad de un mundo nuevo y más justo. Sin embargo, esta esperanza no fue suficiente para que el autor, envejecido, exiliado y abandonado, decidiera tirar la toalla.

A título póstumo, Zweig ha vuelto a ganar el reconocimiento que una vez tuviera en su época, pues sus novelas y ensayos han servido de inspiración en múltiples y muy diversas adaptaciones cinematográficas de nuestro tiempo, desde la humorística Gran Hotel Budapest, hasta la saga adolescente de Crepúsculo.

Cristina Pazos del Olmo


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