Probablemente el llamado Romanticismo pueda ser considerado como la primera gran revolución artística que posibilitó el arranque poético en el siglo XIX. Y es que, a finales del siglo XVIII, en países como Inglaterra y Alemania (algo más tarde en el resto de Europa, especialmente en España), nacía una nueva sensibilidad y una nueva forma de ser y estar en el mundo. Desde este novedoso prisma se abrían las vías del idealismo a través de un sujeto que configura la realidad. Poder máximo de la creación individual y locura creativa. El principio de libertad dominaba el arte y la literatura – especialmente la lírica- y la poesía se concebía como locura vital.

vanguadiacubismoPor otro lado, también es cierto que, como sucede con la mayoría de las grandes pasiones y arrebatos, en la segunda mitad del siglo XIX esta insania se serena un poco para suavizarse, aunque al tiempo se intensifican las vías del idealismo y nos encontramos así con el llamado postromanticismo, movimiento que antecede al simbolismo y que, con un lenguaje mucho más depurado que la vehemencia y clamor romántico, conecta con lo irracional, lo intuitivo, lo simbólico. Paradójica y casi simultáneamente a la existencia de esta tendencia, aparece otra predisposición casi opuesta, porque especialmente en prosa se da una inclinación más pragmática y social contraria al desarrollo del individualismo que el Romanticismo- y post-romanticismo – promovían.

Y si consideramos que el Romanticismo fue el primer gran estallido, la segunda gran revolución fueron sin ninguna duda las Vanguardias, que reaccionan contra toda tradición anterior, contra esa línea que copiaba la realidad y contra el simbolismo y los misterios de la realidad alcanzados desde el símbolo. Y ahora se tratará de una ruptura mucho más fuerte y violenta. Ruptura por ruptura se rompen todos los códigos: contra el pasado, contra la historia, contra cualquier principio estético, contra la lógica, contra el lenguaje, contra sí mismas.

Las llamadas vanguardias o “ismos”– denominación que utilizó Gómez de la Serna desde muy temprano y que después llevaría a su homónimo libro de 1931-, son movimientos artísticos de carácter experimental nacidos en París en los años anteriores a la Primera Guerra Mundial, en torno a 1910. Su epicentro coincide con el llamado período de Entreguerras y el movimiento suele considerarse por finalizado en los prolegómenos de la II Guerra Mundial, independientemente de que algunos movimientos sean herederos de estos o de que algún “ismo” como el surrealismo alargue su vida; el movimiento fue disuelto oficialmente en 1969 por Soupalt. Obviamente no resulta casual la relación del movimiento con lo convulso del momento, aunque sea difícil establecer una sola causa porque el deseo de romper con el pasado y buscar nuevos cauces de expresión se relaciona con los profundos cambios políticos y sociales que surgieron con la llegada del siglo XX. Los anclajes que habían sostenido el siglo anterior – el libre comercio, la confianza en el progreso y el avance técnico – se quebraban; es más, admirados y deseados en el siglo anterior, ahora contribuían al horror de la guerra.

borgesEntre sus principales rasgos destacan la negación del pasado y el deseo de ruptura con lo anterior, el culto a la imagen, el carácter marcadamente anti-realista con una verdadera ruptura con la representación tradicional de la realidad, el internacionalismo que viene dado por el afán de romper ámbitos locales más que por la existencia de focos diferentes a París o la presencia de gente de muy diversa procedencia, la existencia de conciencia de grupo dentro de los diferentes movimientos que se expresa desde la publicación de manifiestos, revistas y exposiciones, su carácter de fuga y vaivén – lo mismo aparecen que desaparecen, en continua reafirmación, en algo distinto -, lo que explica la negación de la memoria y la tradición del tiempo pasado. Son, por tanto, movimientos anti-todo, que todo lo niegan, la cultura, el arte, la literatura, la historia, lo establecido, lo burgués…llegan incluso a negarse a sí mismos. De alguna forma son movimientos fundamentalmente primitivos y adánicos que suponen una vuelta a la simplicidad, a lo original.

Sin adentrarnos de forma exhaustiva en las connotaciones, obras y autores que subyacen bajo las distintas vanguardias, siempre he pensado que en España estos movimientos eran poco conocidos –con la excepción del surrealismo- y que pocos disciernen o intuyen lo que hay detrás del futurismo, ultraísmo, cubismo o el creacionismo. Una lectura detenida y la consideración del análisis a nivel panorámico, con perspectiva, puede aportar interesantes luces respecto a la verdadera aportación de las vanguardias. Y es que es cierto que a nuestro país llegan con retraso y menos fuerza, pero no por ello con menos efecto. Y si somos justos con la tradición literaria, las vanguardias suponen el entierro definitivo del Romanticismo, la demolición del viejo lenguaje modernista y, sobre todo, el intento de creación de un lenguaje sustentado en una imagen radicalmente nueva. Serán el principal apoyo para la poesía del siglo XX y su trabajo nos llevará hasta la creación poética del 27, la imagen. Porque a partir de las vanguardias, el símbolo, la encarnación, lo onírico, o sea, todo lo que está debajo de la realidad, será ahora lo más importante. La poesía pura, el neopopulismo, el neo-romanticismo no se entienden sin las vanguardias.

Silvia Villanueva Santander


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