Ser friki, ser hippie, ser hipster, ser vintage, ser patriota, ser influencer, ser hater, ser una IT girl, ser bloguero, ser liberal, ser rebelde sin causa, ser emo, ser progre, ser verde, ser rojo, ser gótico, ser antisistema, ser promiscuo, ser bisexual, ser moderno… ser algo.

Ser muchas cosas, sí, pero… ¿Ser, o realmente aparentar? ¿Somos, o simplemente aparentamos? ¿Dónde estriba la diferencia entre ser algo e ir de algo?

Vivimos, en la actualidad, en un mundo obsesionado con la imagen y las apariencias, hasta el punto de que hemos llegado a confundir nuestra identidad individual con una mera etiqueta social.

En las últimas décadas, con el progreso tecnológico y la creación de las redes sociales, ha surgido una imperiosa necesidad de definirnos, de hacernos seres individuales con entidades propias que nos describen y, a la vez, nos diferencian de los demás. Esto produjo, en un primer momento, un gran intercambio de pensamientos, de ideas, de avances, conformando una cultura colectiva que estaba al alcance de todos.

Sin embargo, en los últimos años esta posibilidad de expresar nuestras individualidades se ha llevado al extremo, en lo que viene siendo una tendencia a crear constantes modelos sociales. Una cultura, siguiendo a los autores de la Escuela de Frankfurt, mitologizadora y mitologizante, productora de “héroes” sociales a los que admirar y copiar, o a los que aborrecer y desobedecer mediante la creación de nuevos modelos.

Ahora, más que definirnos, lo que importa es ofrecernos, mostrarnos, vendernos. Ya no importa mucho si lo que dices es necesariamente cierto o una ligera exageración de la realidad, no importa que no seas aquello que dices ser, ya poco importa que seas una cosa u otra, con tal de que seas algo. En síntesis, y siguiendo a Horkheimer y compañía: estamos en la era de las apariencias, en la era de “la exaltación de la individualidad disfrazada bajo las apariencias de la personalidad”, en palabras del filósofo Jacques Maritain.

Por tanto, hoy en día ya no importa mucho qué seas… Importa quién dices ser, importa que te definas, que vendas una imagen consistente y exacta de lo que quieres ofrecer de ti, de lo que tú quieres que los demás piensen de ti e, incluso, más aún, de lo que tú mismo quieres pensar que eres. Y es que, como bien sentencia Maritain, “el mundo moderno confunde dos cosas que la sabiduría antigua había distinguido: la individualidad con la personalidad”.

posing-1081746_960_720No importa que una mujer sea o no femenina… Maquíllate y súbete a unos tacones, y más de uno pondrá en duda tu lucha igualitaria. No importa que se sea o no conservador… Si alguien se siente orgulloso de ser español, automáticamente lo es. No importa que no tengas ni la menor idea de arte, siempre y cuando frecuentes los museos de moda de turno y dispongas en tu casa de las colecciones más estrambóticas. No importa que uno sea o no comunista, que no falte el póster de Guevara en la habitación y el manifiesto de Marx y Engels bajo la almohada. Y, sobre todo, no importa que tu vida sea aburrida, monótona y tediosa, porque un par de filtros de Instagram en las dos fotos del parque bajo tu casa te convertirán en la persona más aventurera, divertida e interesante del planeta.

Ante esta determinación de modelos, ante este enclaustramiento en categorías, deberíamos buscar la excepción en la diferencia. O la diferencia en la excepción: aquellas personas que siguen siendo, que no van de nada.

Gente que es espontánea, que es desinteresada, que es realmente original, que es mezcla. Gente que un día sale a la calle con tacones y otro con un pañuelo palestino. Gente que lleva el símbolo de la paz porque se siente en paz con el mundo, gente que se siente bohemia y a la que nadie tiene que decirle que vaya a París para demostrarlo. Gente que puede hacer un poco de esto y un poco de aquello, gente que no se preocupa de la imagen que dé o deje de dar.

Las personas no somos eso, una mera imagen o simples apariencias; las personas tenemos el enorme poder de evolucionar, de aprender, y a cada momento aprendemos y somos cosas nuevas, somos cosas distintas, y siempre podremos ir de algo, pero nunca llegaremos a ser algo fijo y cerrado, sino que somos miles de pequeñas interacciones, alguna de ellas contradictorias, pero nuestras al fin y al cabo, que nos forman y que nos hacen únicos y libres.

Cristina Pazos del Olmo