Slow Food es un movimiento que surgió en Italia hace aproximadamente 32 años y fue fundado por el periodista Carlo Petrini como contraposición a la comida rápida y a un modo de vida. Es una asociación ecogastronómica sin ánimo de lucro, es decir, busca promover una alimentación de calidad, con platos naturales y ecológicos, y conseguir una agricultura sostenible. Su filosofía se basa en la defensa del placer gastronómico y en la búsqueda de ritmos vitales más lentos y meditados.

Imagen1En un principio Slow Food nace para contrarrestar los efectos nefastos de una vida rápida sobre nuestra alimentación. La comida rápida puede comerse a cualquier hora del día y en pocos minutos, y la falta de tiempo propicia el auge de esta comida. Si sumamos la rapidez del menú, la cantidad de grasas que nos aportan, la falta de masticación, el exceso de sal, etc., obtenemos un cóctel perjudicial para nuestra salud. Además, los nutrientes necesarios para nuestro organismo no son aportados con este tipo de comidas. Frente a esto, la organización propone recuperar las costumbres y recetas alimentarias saludables, platos nutritivos y completos con ingredientes consistentes (legumbres, pastas, carnes o pescados, verduras, fruta, etc.).

Este nuevo concepto tiene la base de una dieta mediterránea pero con unas ligeras variaciones en cuanto a la forma de realizar las cocciones, además de unos conceptos añadidos que mejoran la dieta, como por ejemplo, una masticación adecuada de los alimentos, utilizar sabores suaves y naturales, mantener una comida sin prisas que favorezca la relación social con el resto de comensales, utilizar menús de gran calidad nutritiva, etc.

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Alimentos utilizados en Slow Food. Fotografía obtenida en Wikipedia.

Pero… ¿Qué hace exactamente Slow Food? Este movimiento aúna una doble dimensión que lo identifica como proyecto epicúreo, porque defiende nuestro derecho al placer y social y porque impulsa el consumo de alimentos buenos, limpios y justos apoyando la producción local de los mismos. Estos tres puntos conectan o se relacionan a través del concepto de calidad alimentaria que promueven. Los alimentos han de ser buenos, es decir, han de generar placer; han de ser limpios en el sentido de que no deben tener pesticidas porque la producción alimentaria no puede ofender más a la naturaleza; y especialmente han de ser justos o, lo que es lo mismo, quien trabaje la tierra debe recibir un salario justo. Por eso, su propuesta va mucho más allá del placer gastronómico: tiene que ver con nuevas formas de distribución de los alimentos, se trata de establecer relaciones directas entre los consumidores y los productores, de manera que haya productos que el consumidor – que se ha convertido en coproductor – vaya a comprar directamente del agricultor. De esta manera, el movimiento promueve también la protección de los alimentos, materias primas, técnicas de cultivo y de transformación, heredadas de los usos locales consolidados en el tiempo y, con ello, la defensa de la biodiversidad de las especies cultivadas y salvajes.

La labor de Slow Food es posible gracias a que conecta productores y co-productores, enseña al consumidor con programas en educación, protege la biodiversidad, organiza eventos relacionados con la alimentación (Salón del Gusto) y, sobretodo, fomenta el intercambio y la construcción de redes. La propia red Slow Food se subdivide en sedes locales llamadas Condotte en Italia y Convivium en el mundo, coordinadas por un Convivium Leader que “se ocupa de organizar cursos, degustaciones, cenas, viajes, de promover a nivel local las campañas lanzadas por la asociación y de participar en los grandes eventos organizados por Slow Food a nivel internacional”, como explican en su página. Los Convivium o comunidades de alimento se definen como un grupo de personas involucradas en la producción y distribución de alimentos vinculados a un territorio dado a nivel histórico, social o cultural y que utilizan técnicas de producción sostenibles. Actualmente están en activo más de 1.500 Convivia Slow Food en 160 Países, incluidas las 286 Condotte en Italia.

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Restaurantes Slow Food. Fotografía obtenida en Wikimedia Commons.

Resulta sumamente interesante el Concepto de Restaurante Km0 como restaurantes transmisores de la filosofía Slow Food. Sus cocineros juegan un papel fundamental al ser los “intérpretes de un territorio que ponen en valor a través de su creatividad”. Existen unos criterios y requisitos específicos para poder tener esa designación y actualmente existen trece Restaurantes Km0 en nuestro país, la mayoría en el País Vasco (doce)  y otro en Valencia. Además, el movimiento tiene varios proyectos en marcha igualmente interesantes como son Arca del Gusto, Baluarte o Tutelado. Todos ellos tienen como objetivo proteger la biodiversidad agrícola y las tradiciones gastronómicas. Asimismo, apoyan un modelo de agricultura sostenible y respetuosa con el medio ambiente que persiga el bienestar de los animales,  los métodos de trabajo tradicionales, los productos artesanos y la identidad cultural.

El movimiento nacido en Italia es hoy muy internacional porque cuenta con más de 100.000 miembros en todo el mundo y está presente en más de 160 países, con estructuras nacionales en Italia, Alemania, Suiza, Estados Unidos, Japón, Reino Unido y Holanda. Su filosofía se comprende muy bien desde su lema – Slow Food, Slow Life y Slow Production – y su manifiesto, donde se definen como “movimiento internacional para la tutela y el derecho al placer”.

Silvia Villanueva Santander


Fotografía principal obtenida en Max Pixel.

Logotipo de Slow Food obtenido en Wikimedia Commons.