Título: Luchas campesinas del siglo XX. (Título original: Peasant Wars of the Twentieth Century)

Autor: Eric R. Wolf

Género: Etnografía

Año publicación: 1969

Editorial: Siglo Veintiuno Editores

Páginas: 328


El libro Luchas campesinas del siglo XX aparecería publicado por primera vez en inglés en 1969 en Nueva York y tres años después lo haría en español. Nos encontramos ante una sugestiva y completa obra de carácter histórico, antropológico y sociológico a partes iguales cuyo análisis ofrece reflexiones de enorme interés. El itinerario temático seguido por Wolf es la presentación de  seis casos de rebelión precedidos por los agradecimientos y el prefacio. Los casos aparecen en este orden: México, Rusia, China, Vietnam, Argelia y Cuba.

El punto de partida para la constitución del libro es que las rebeliones no surgen de la nada, de ahí que haya que indagar y buscar las raíces del conflicto a través de las circunstancias en el tiempo, es decir, desde una perspectiva histórica y en el espacio considerando los contextos regionales y nacionales.

A grosso modo, se puede afirmar que los seis casos presentados tienen una serie de características comunes. Todas las áreas descritas por su autor son zonas afectadas por un sistema muy particular, el sistema capitalista, que resulta muy ajeno a las áreas que intenta asimilar a través de la colonización directa (México, Vietnam o Argelia) o indirecta desde la industrialización y los nuevos acuerdos del mercado internacional (Cuba, China o Rusia). Su rasgo más destacado es que en dicho sistema, todo – incluido el trabajo y la tierra – se convierte en mercancía, se producen para su venta, no para su uso. Pero en muchas sociedades la tierra forma parte del paisaje natural y lo que existen son unos derechos de uso regulados por fuertes relaciones sociales de grupo y de parentesco. Por eso fue necesario despojar a la tierra de sus obligaciones sociales para convertirla en mercancía.

(…) El capitalismo destruye muchas formas ocultas de seguridad y destruye también las estructuras tradicionales, separando a las personas de su matiz social para convertirlas en actores económicos.

En este contexto, los riesgos se multiplicaron y los mecanismos para disminuir esos riesgos eran cada vez menos seguros, así la difusión del capitalismo obligó a los hombres a buscar defensas contra él. Al mismo tiempo, este sistema provoca un enfrentamiento cultural en gran escala y no solo económico entre las sociedades que lo encubrieron primero y las sociedades por él cubiertas en su difusión, y de esa manera, surgirá el conflicto entre el centro capitalista, o metrópoli, y la periferia precapitalista.

Asimismo, el predominio de mercancías produjo en los seis casos  una crisis ecológica, puesto que se limita la tierra y paradójicamente crece la población, y surge un desequilibrio entre la población y los recursos disponibles. Eso sin contar  la propia crisis en el ejercicio del poder – que termina afectando a los sistemas que relacionan a los campesinos con el resto de la sociedad -. Y es que los grupos dedicados a la producción de subsistencia disminuyen (y también lo hace su importancia social),  y los dedicados a la producción de mercancías o fuerza de venta de trabajo, aumentan. Se rompe así el nexo entre los recursos y las normas sociales y políticas de la comunidad, lo que se llama incrustamiento; pero ocurre que la nueva riqueza aún no es legítima y el antiguo poder ya no es respetado, se debilita a los grupos tradicionales pero no se les ha derrotado, y los nuevos grupos todavía no tienen poder decisivo. Esta situación hace que surja un estado central dominante que intenta imponerse sobre las partes en pugna.

Y así Díaz gobernaba México; la autocracia zarista tenía bajo su control a Rusia; Chian Kaishek  luchaba  por instaurar una dictadura semejante en China; Francia ejercía un gobierno autocrático en Vietnam y Argelia mediante su gobernador general, mucho más autoritario que el gobierno de la metrópoli, y Cuba era dominado por Batista.

Otra de las ideas sugerentes que rescatamos de la lectura del libro es la relación del campesino con la estructura de poder que lo rodea como factor fundamental. Puesto que si los campesinos son pobres y no tienen tierras dependerán del terrateniente y estarán bajo su pleno dominio, y en ese caso dependerán de algún poder exterior para desafiar el poder que los agobia. Y tampoco participará normalmente en la Revolución el campesino rico, ya que ejerce el poder local en conexión con los que detentan el poder. Probablemente el campesino pobre y trabajador sin tierras lo hará si existe alguna fuerza exterior que les ayude y les conceda libertad. Luego será el campesino medio quien hará la rebelión contra la destrucción del orden social, lo que en parte es paradójico porque es el principal portador de la tradición campesina pero también es quien ve más amenazada su estabilidad y, por tanto, es quien más sufre cuando las relaciones sociales se rompen, y quien más expuesto está a las influencias del proletario que se está desarrollando, ya que permanece ligado a la tierra y envía a sus hijos a la ciudad, transmitiendo el descontento urbano y las ideas política.

Para acabar, diremos que la obra de Wolf  prueba que ningún sistema cultural es estático o fijo, sino que sus partes están en continuo cambio, y demuestra que las reacciones de los campesinos responden a importantes cambios de la sociedad que relacionan lo local y lo global: de ahí la validez e interés del análisis en tiempos de una sociedad muy cambiante, interconectada y centrada en lo tecnológico como la actual. Por todo ello, y habiendo tratado de ofrecer una reseña panorámica de una obra genial, recomendamos su lectura para todos aquellos que quieran profundizar en el tema y en el recorrido propio que protagonizaron los contextos señalados. La obra es fruto de la convicción moral del autor “en la necesidad de conocer para comprender y comprender para conocer”  un mundo que cambia.

 

Sobre el autor

235032.jpgEric Robert Wolf (Austria, 1923 – Nueva York, 1999) fue un antropólogo e historiador estadounidense judío y afín al marxismo. En cuanto a sus principales aportaciones, destacan, por un lado, sus estudios interdisciplinares sobre Latinoamérica y, por otro, sus estudios sobre el campesinado. Estos estudios lograron acabar con muchas suposiciones y prejuicios existentes hasta ese momento porque Wolf defendía una visión global de los estudios que tenía en cuenta los contextos socioeconómicos mundiales y no exclusivamente locales.

La obra Luchas campesinas del siglo XX surge inicialmente a raíz de un movimiento de toma de conciencia sobre la guerra de Vietnam en la Universidad de Michigan y de la necesidad de sacar a los EE.UU de su aislamiento cultural para evitar ese tipo de catástrofes.

Silvia Villanueva Santander