Título: Feliz final

Autor: Isaac Rosa

Género: Novela

Año publicación: 2018

Editorial: Seix Barral

Páginas: 344


Quizás lo que menos me guste de esta novela sea, precisamente, su título, Feliz final, poco elegante a mi entender, demasiado sencillo, demasiado banal, dos palabras fáciles y manidas que llevan al error doble: primero, al no estar a la altura de lo que luego encontramos en la novela (en el buen sentido, por supuesto), y segundo, como si quisiéramos encontrar un final feliz en esta historia que comienza con el reciente divorcio de una pareja. No obstante, el título es una certeza desde el punto de vista técnico, ya que el final del libro es justamente un final feliz… solo que es a la vez inicio, el de los comienzos de la pareja que hemos visto fracasar en las primeras páginas. Y es que Feliz final es la historia de un fracaso pero contado al revés, de adelante hacia atrás, empezando por lo difícil, lo malo, lo vulgar, lo descafeinado, para ir adentrándonos cada vez más en los episodios – del libro y de la vida de la pareja – más dulces, más ilusionados, más felices. Una forma magistral de hacer que el lector se implique con los personajes y cierre la contraportada con un sabor agridulce en la boca.  

Pero el acierto no viene únicamente de la configuración temporal de la obra, sino también – y en su mayor medida – de la agilidad en la pluma de su autor, Isaac Rosa, que ha sabido transmitir los sinsabores y desencuentros de una pareja de mediana edad. Y lo hace dándole voz en las páginas a los propios personajes, transcribiéndonos sus pensamientos, él en redonda y ella en cursiva, donde los personajes se comunican, se hablan, se recuerdan, se anhelan, se recriminan.

81LOCeIiT4LFeliz final es la historia de la terminación del matrimonio de Antonio y Ángela, pero también es un poco la historia de todos los matrimonios – con o sin papeles – en nuestra sociedad moderna que no llegan a buen puerto. Una institución, un contrato, que exige exclusividad, sacrificio, a veces dependencia, muchas otras jerarquías, en el que ponemos todo de nuestra parte con el riesgo de que, en numerosas ocasiones, lo perdamos todo. Es un modelo exigente y tramposo: lo jugamos todo a una carta racional, analítica, numérica – la hipoteca, el reparto de tareas, el reparto del tiempo, la educación de los hijos – cuando el amor tiene poco de razón y de lógica (o, al menos, no debería tener solo de eso). Y a pesar de que sea un modelo defectuoso y limitado, nos sigue costando encontrar alternativas de vida a su mismo nivel.

Duele leer Feliz final porque duele verse reconocido en las mezquindades, las infidelidades, las mentiras y las decepciones de la pareja, pero también en sus esperanzas, sus ilusiones vanas, sus expectativas truncadas. Duele comprobar que no somos tan distintos, que todos acabamos repitiendo patrones de conducta, en la vida y también en la pareja. Y si bien Antonio y Ángela en ocasiones se comportan con crueldad, con inocencia, con egoísmo, con impulsividad o con ingratitud, no podemos evitar perdonar a los personajes, empatizar con ellos, enternecernos, porque también nosotros hemos sido crueles, ilusos, egoístas, impulsivos o ingratos en alguna de nuestras relaciones amorosas, presentes o pasadas.

Dicen que el buen libro es aquel que te deja pensando una vez finalizado, y así ha sido con este. Hace semanas que terminé su lectura, pero aún sigo recordando algunas de sus reflexiones, de su calado, de sus pasajes y episodios que me recuerdan a algunos pasajes y episodios propios. Terminamos la lectura pero no la historia de amor, que solo acaba de comenzar, y que nos deja aterrados, sobrecogidos, pensando si también nuestras relaciones terminarán así, si nuestra ilusión, nuestra complicidad, nuestro respeto, nuestra voluntad actuales, las mismas que tenían Antonio y Ángela al comienzo (o… al final, según se mire), también acabarán derivando en amargura, en rencor, en hartazgo, en apatía. Si acaso nosotros no somos tan especiales, si acaso no somos más que otra pareja en los inicios, antes de que se trunque, si acaso más vale disfrutar mientras dure.  “Nosotros íbamos a envejecer juntos”, se repite Antonio en las primeras líneas de la novela. Iban a envejecer juntos, piensan en las últimas líneas. Pero en algún punto entremedias, ya no.

Sobre el autor

isaac_rosa_2011_1.jpgIsaac Rosa (Sevilla, 1974) es un escritor español, actualmente residente en Madrid. Se dio a conocer con una novela de humor sobre la guerra civil en 2007 y a partir de entonces ha sido galardonado con diversos premios: Premio Rómulo Gallegos en 2005 por El vano ayer (donde puso en práctica la curiosa técnica de la “novela en marcha”, con temática franquista), el VIII Premio Fundación José Manuel Lara (El país del miedo, 2008) y el Premio Cálamo “Libro del año” por La habitación oscura (2013), entre otros. Feliz final (2018) es su octava novela, aunque también ha cultivado otros géneros y ha participado en el diario Público y en la revista satírica El Jueves. Asimismo, actualmente es columnista en eldiario.es y colabora con Cadena Ser y la revista La Marea. Sus influencias vienen de autores como Virginia Woolf, Juan Goytisolo o Miguel Espinosa.

Cristina Pazos del Olmo


Portada del libro perteneciente a la editorial Seix Barral.

Fotografía del autor obtenida en Wikipedia.