El pasado miércoles, 16 de octubre, tuvimos el placer de contar en Santander con la visita del filósofo Fernando Savater, quien ya había realizado una visita en verano para asistir como ponente a uno de los famosos cursos de la Universidad Menéndez Pelayo (UIMP). Esta vez la ocasión no tuvo que ver con la filosofía o la política, ramas donde el autor ha destacado siempre, sino que vino a presentarnos su última novela, La peor parte, donde el escritor nos habla de sus memorias con Sara Torres, incluyendo su pérdida a causa de un cáncer hace cuatro años. Perderla fue, sin duda, la peor parte en la vida de Savater, que es justamente lo que da nombre a este libro ciertamente autobiográfico – y en especial biográfico, si hablamos de Sara -.

800px-Fernando_Savater_by_Gonzalo_MeratNada tiene que ver este relato con los que los lectores habituales de Savater estamos acostumbrados a leer, pues lejos de su filosofía explicativa, intelectual y retórica nos encontramos con un Savater sentimental, apasionado, menos analítico y racional que de costumbre para dejar paso al campo de las emociones. Y, desde luego, se trata de un Fernando nada entusiasta, pues como él mismo confiesa al comienzo de su charla, desde hace cuatro años está sumido en la tristeza. Una tristeza que es ya serena, rutinaria, que se ha establecido en su vida. “Escribo desde la tristeza”, nos confiesa con cierta sorpresa. “Toda la vida llevo diciendo que hay que vivir desde la felicidad, pero he descubierto que también se puede vivir desde la tristeza”. Y en eso se ha convertido su vida ahora, pues la causa de su felicidad ha desaparecido hace cuatro años. “No sé si volveré a escribir, yo ya me siento jubilado”, reconoce el autor. Y es que él escribía por y para Sara, para alegrarla, para que leyera, comentara y, si hacía falta, criticara sus novelas, para que fuera más feliz. De hecho, todo lo que hacía en su vida tenía el fin de acercar a Sara a la felicidad, y sin ese objetivo en la vida, Savater se siente vacío y se siente jubilado.

En la que puede llegar a ser (¡esperemos que no!) la última novela del autor, Savater nos relata las vivencias comunes de Sara y él, así como parte de la vida de su pareja. Ha intentado ser honesto pero también ser pudoroso, contar las cosas que Sara querría haber contado y no meterse demasiado con aquellas en las que Sara nunca se sintió muy cómoda, como su difícil infancia o su temprana – y breve – vinculación a ETA. Ha preferido centrarse en su lucha, su carácter reivindicativo, su fuerza. Sara tuvo una vida llena de encuentros y desencuentros que el autor ha querido compartir con nosotros por una petición velada, nos cuenta, que realizó la propia Sara en los tiempos en que ya contaba con la enfermedad que acabaría con su vida. De hecho, ella ha sido la única razón de la vuelta del filósofo al mundo de la escritura.

Fernando ha compartido con nosotros su peculiar visión del amor que, como en las historias románticas, como en los amores imposibles de la literatura, siempre acaba en tragedia. Y es que la muerte, según él, es la única que puede romper un amor verdadero, pues todo lo que termina por otras causas no es, para él, el verdadero amor, sino sucedáneos.

Ha habido tiempo, cómo no, para preguntarle varias veces por el tema de Cataluña, a lo que el autor ha respondido con su habitual claridad y sinceridad: es un problema que él ya vio venir desde hace años y para el cual ni unos ni otros han sabido poner en marcha una solución. Las consecuencias, dice, le parecen difícilmente manejables en la situación actual. No se puede deshacer en un momento lo que lleva años fraguándose.

Fernando Savater (San Sebastián, 1947) es uno de los filósofos e intelectuales españoles más reconocidos del panorama actual. Sus libros Ética para Amador (1991) o El contenido de la felicidad (1986) se convirtieron rápidamente en bestsellers. Su ética sigue el estilo de Spinoza y la ética del querer, de la propia felicidad, de la voluntad y la autorealización. Su figura también está vinculada a la política vasca, a su ferviente lucha contra el grupo terrorista etarra y a su abiertamente declarado antinacionalismo.

Cristina Pazos del Olmo


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